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De apolíticos e independientes

De ciertos artículos de opinión que alguna vez leí [1][2], se puede desprender la idea de que es mentira que los ateos no crean en nada, ya que su propia autoestima evidencia su alta devoción a ellos mismos. Su religión se erige en base a su conocimiento individual. Bromas aparte, dicho postulado adquiere cierto sentido lógico si se toma como premisa inicial el hecho de que todo ser humano necesita creer en algo (sea terrenal o no). Asimismo, en la política nacional, abundan la falta de fe tanto en partidos políticos como en las reglas de juego. Es éste el contexto predominante en una democracia sin partidos como la nuestra, en dónde ni el espectro micropolítico de agrupaciones estudiantiles de la Católica se salva de los “ateos políticos”. De esta manera, se produce el fenómeno social de los llamados apolíticos e independientes.

Ya varios se han precipitado a decir que la palabra del año será independiente. Sin embargo, esta “moda” no es repentina ni mucho menos reciente. Bastaría con recordar los años naranjas o la victoria de Belmont en la alcaldía limeña para darnos cuenta que clasificarte como “indie” es más mainstream que los partidos políticos en sí. Tal como los ateos, los llamados independientes argumentan que no tienen ninguna afiliación política, ya que no creen en una ideología divinizada. Incluso, dicha etiqueta constituye, etimológicamente, una no-dependencia que se puede interpretar como una desafiliación previa de algún partido político; lo cual deviene en críticas hacia el establishment partidario. Si se combina esto con el principio de “quiero-hacer-política”, podríamos llegar a la conclusión de que el independiente busca formar su propia ideología o grupo, así él sea el único creyente. En otras palabras, es independiente en referencia a los grupos tradicionales, pero no a sí mismo: todos somos dependientes de nuestras ideas o actitudes políticas, por más que los devotos del rational choice digan lo contrario.

Aún así, siempre cabe la posibilidad de negar la premisa inicial y decir que la religión no es imprescindible, por lo que se podría postular que el ser humano no necesita creer en algo superior (ni en Dios ni en el superhombre). Análogamente, podríamos despreciar la política en sí como medio para conseguir la solución a los problemas de la sociedad y desdeñar los asuntos públicos para centrarnos únicamente en lo particular: la completa definición de un apolítico. Éste, simplemente, no confía ni en la política ni en su necesidad práctica; por lo que podemos inferir fácilmente que no aspira a ningún cargo de representación o afiliación partidaria. Cabe resaltar que la persona apolítica posee una opinión formulada sobre lo político, lo cual lo diferencia de un desinteresado en el tema.

Se suele caer en el error de tratar ambas definiciones como sinónimas cuando, en realidad, éstas se diferencian en el diagnóstico sobre la problemática del país. Si A piensa que el Perú anda mal por culpa de la ineficiencia de los partidos políticos tradicionales, pero aún confía en la política como vía hacia el desarrollo nacional, se le proclamará como independiente. En cambio, si B no confía ni en los partidos, ni en que la política y sus mecanismos democráticos sirvan para mejorar la situación nacional; se dirá que es un apolítico.

El caso de la escena política PUCP

Teniendo en cuenta dichas definiciones, ser independiente, en el contexto de la PUCP, significa no estar de acuerdo con los movimientos universitarios tradicionales. Esto puede deberse a sus malas gestiones, a la reticencia del independiente a ubicarse en una delimitada derecha o izquierda, o por los conflictos personales dentro de los mismos grupos. Incluso, es muy probable que el “no-dependiente” lo sea como producto de haber apoyado o participado dentro de una agrupación en el pasado, terminando decepcionado de la misma. Además, si cuenta con las capacidades, estaría dispuesto a formar otro grupo que se diferencie de los ya establecidos, tratando de convencer a otros independientes de seguir sus ideas.

Los apolíticos PUCP, en cambio, serán los que ven las agrupaciones y la representación estudiantil como una pérdida de tiempo que no produce ningún beneficio colectivo. Usualmente, son los primeros en mostrar quejas sobre algún problema que les atañe directamente sin proponer soluciones viables. Si dicho problema no les afectara, simplemente, desconocerían los asuntos públicos de la universidad y se dedicarían a lo particular; es decir, a sus estudios o el ocio. En este contexto, siempre va a haber apolíticos, pero su proliferación en exceso conlleva a daños en la legitimidad del proceso político necesario en la agendación de problemas netamente estudiantiles.

Entonces, ¿los independientes también serían dañinos para el espectro político PUCP? Sí y no. Por una parte, el surgimiento de independientes trae serias dificultades para la institucionalización de agrupaciones fuertes y modernas. Por otra, el hecho de contar con personas desligadas de las agrupaciones tradicionales, deseosas de mejorar las condiciones del estudiante en la PUCP, trae consigo cierta frescura de ideas. Una vez dentro del juego político, dichas propuestas podrían ser sometidas a debate, lo que refuerza la cultura democrática y de tolerancia que se vive en la universidad.

De esta manera, es necesario tener en cuenta que, a más personas activas e informadas sobre la problemática de la PUCP, mejor calidad de representación. Si bien un buen camino para lograr un gremio de calidad es mediante agrupaciones sólidas e institucionalizadas; es menester, para los que formamos parte de éstas -los integrados-, adaptarnos a los cambios de espectro y no cerrarle la puerta a nuevos grupos o personas deseosas de colaborar con otros puntos de vista a la mejora de la católica. Nuestro reto está en lograr que la labor partidaria sea más atractiva, y más tolerante a nuevas percepciones, que el difícil camino hacia el grupo propio.

Así, regresando a la analogía inicial, si la diosa imperante en nuestro ambiente político fuera la Democracia, basada en el debate alturado que busca consensos y mejoras globales, nadie querría ser ateo.

Henry Ayala

Pronunciamiento ante el Impasse entre la PUCP y la Santa Sede

Organización Estudiantil Vanguardia Universitaria

 Pronunciamiento

Sobre el impasse entre la PUCP y la Santa Sede

A la comunidad universitaria:

Ante el comunicado emitido por el cardenal Bertone, en el cual el Vaticano insta a la PUCP a modificar sus estatutos según la carta enviada por el Arzobispado de Lima el 16 de Julio del 2011, poniendo como fecha límite el 08 de Abril del presente, Vanguardia Universitaria se manifiesta en dos puntos centrales:

1.-   Sobre el comunicado emitido por el Vaticano y el actual Impasse:

a) Saludamos la ratificación de la Asamblea Universitaria sobre los acuerdos tomados en el 23 de Setiembre del 2011, fecha en la cual se decidió no modificar los estatutos de la universidad ya que atenta potencialmente contra nuestra autonomía. El punto “d” del artículo seis[i], que está actualmente en cuestión, le concedería la potestad al Gran Canciller de elegir a la autoridad máxima de nuestra casa de estudios, lo cual atenta contra el sistema democrático de la Universidad que esta agrupación siempre ha defendido.

b)  Si bien consideramos que sería lamentable perder el título honorífico de “Pontificia”, Vanguardia Universitaria prioriza la defensa de la autonomía universitaria por encima del mantenimiento del título mencionado. Estamos además conscientes de que la pérdida de tal título no incurrirá en ninguna consecuencia negativa para el buen funcionamiento de la institución educativa que actualmente se conoce como PUCP. Casos similares, como el de la ex-Pontificia Universidad Católica de Lovaina, demuestran además que la pérdida del título honorífico de Pontificia no influye en el carácter católico de la institución, ni se generan irremediables conflictos legales que afecten la educación de la universidad.

c)  Reconocemos y apreciamos la disposición que mostraron los Obispos de la Conferencia Episcopal de Lima para llegar a un acuerdo y dialogar con la Asamblea Universitaria, lo cual se manifestó en la última asamblea y esperamos que se mantenga en adelante. Creemos que esto abre un nuevo capítulo en las relaciones entre ambas instituciones, que se habían congelado desde hace un tiempo.

2.- Sobre la Campaña Informativa propuesta por el gremio:

a)   Instamos a las diversas agrupaciones universitarias y al gremio estudiantil a no adoptar una posición conflictiva en la campaña que está por iniciarse. Vivimos un período delicado en el cual se podrían producir roces indeseados entre entidades amigas, cómo lo son la PUCP y la Iglesia Católica. La imagen institucional de la Universidad podría verse perjudicada en un momento de apertura al diálogo como el que nos encontramos actualmente.

b)  Exhortamos a que no se personalice el impasse. Actualmente se está dialogando entre instituciones y no entre personas, y el resultado trascenderá a las autoridades que actualmente se encuentran en las dos partes. Recalcamos: el apoyo de este movimiento es al sistema democrático de gobierno con el que actualmente se rige la universidad, el cual siempre hemos defendido a lo largo de nuestra historia como movimiento, y el aceptar las reformas significaría un daño potencial al mismo.

c) En vista de que actualmente circulan muchas opiniones diferentes acerca del problema legal y rumores acerca de las consecuencias que la pérdida del título honorífico contraería, Vanguardia Universitaria se compromete a realizar una campaña informativa paralela que tenga como fin esclarecer las dudas que aquejan a la comunidad universitaria y llamamos a las autoridades universitarias, a la FEPUC y a las diferentes agrupaciones estudiantiles a que se adhieran a este modo de actuar.

Para concluir, es necesario recordar que nuestro rol como movimiento estudiantil, además de representar en diversas instancias al alumnado, es generar y promover la unidad entre los miembros de la comunidad universitaria y, ante todo, informar de manera transparente a los estudiantes y a la comunidad en general; rol que buscamos cumplir a la perfección.

Pando, 12 de Agosto de 2011

Movimiento Estudiantil VANGUARDIA UNIVERSITARIA

              2003 – 2012


[i]Artículo 6.- (…) Son atribuciones del Gran Canciller: (…)

d)  Proponer a la Congregación para la Educación Católica el nombre del que debe ser confirmado como Rector, el cual será nombrado por el Gran Canciller a partir de los tres candidatos elegidos por la Asamblea Universitaria

El escritor que no quería ser embajador de Marca Perú

“La verdad no le hago caso ni sé quién es”, dice Gastón sobre Iván Thays quien, en una devastadora crítica a un libro de Gustavo Rodríguez, criticó de paso la gastronomía nacional y la acusó de ser perjudicial para la salud, para luego criticar el nacionalismo que gira en torno a ella.

Me sorprende, ciertamente, que un Embajador de la Marca Perú como Gastón Acurio desconozca quién es Iván Thays. Este escritor nació en Lima, en 1968, y es uno de los más prestigiosos escritores de Latinoamérica, perteneciente a una generación que se desarrolló a la sombra del boom latinoamericano. Ha obtenido una modesta fama dentro de la literatura contemporánea, con obras como “El Viaje Interior” de 1999 y “La Disciplina de la Vanidad” en el 2000 que, además, fue finalista del premio Rómulo Gallegos.

Sin embargo, que no lo conozcan ni los jóvenes de hoy ni los de ayer no me sorprende, luego de enterarme de lo mucho que el pueblo peruano conoce sobre Sendero Luminoso y Abimael Guzmán (sic).
Los comentarios de este escritor en contra de la comida y el libro de Rodríguez, han desatado, a su vez, un largo número de comentarios contra él que lo han vuelto un trending topic en twitter, y han despolvado un largo e inconcluso debate sepultado por el tiempo: ¿Qué es ser peruano?

Marca Perú

Hace relativamente poco, una comitiva de personajes mediáticos, encabezados por Gastón, viajó a un pueblo en Nebraska llamado Perú, donde presentaron la “cultura” peruana ante los estadounidenses, quienes se quedaron encantados por todo aquello que trajo la comitiva. Desde ese momento, o quizás desde un poco antes, se comenzó a publicitar al concepto de Marca Perú, que Gastón empleó desde hace mucho para referirse al posicionamiento de los productos y sobre todo la cocina peruana, como objetos de calidad en el mercado internacional. Tomando esa iniciativa, se reunió con otras personas destacadas en rubros como el deporte, la música, o la actuación y, luego de establecida la Marca, se nombró como “Embajadores” a aquellos personajes representativos.

Pero la gastronomía no solo tuvo un fuerte impacto en el exterior. Dentro del país, la comida y Gastón lograron algo que solo parecía concebible en los sueños húmedos de Mariátegui abuelo: igualar a la élite socioeconómica con los proletarios marginados. Gastón reconoció que la señora que vende anticuchos en la esquina podía competir contra los costosos potajes de las Brujas de Cachiche porque, según él, la señora de la carretilla poseía más o tanto “sabor” que los elegantes platos manufacturados por chefs internacionales. Por lo tanto, en Mistura, festival que se volvió el emblema de aquél logro, más allá de ser un patio de comidas, se volvió una feria nacional, durante la cual podían convivir, por fin, todas las sangres y todos los sabores (en teoría) y la gente se sintió orgullosa de que su comida diaria fuera elevada a estándares internacionales.

Por todo esto ahora Gastón está cerca a ser considerado héroe nacional y el por qué la comida nacional se ha vuelto algo parecido a un símbolo patrio. El primer comentario de Thays, muy aparte de ser cierto (la comida peruana, sobre todo la andina, abunda en carbohidratos por el hecho de que son baratos, duraderos, y en ciertas regiones es necesaria aquella dieta si es que planeas trabajar toda una jornada al aire libre) (Pero no jodas, es rica), peca de inoportuno, pero nos lleva a la profunda reflexión.

–    “Pero eso a quién mierda le importa. Es rico y es nuestro y por lo tanto es santo y bueno y viva el Perú, carajo. Se acabó la discusión. (Ortiz 2012)”

Lo que sucede con esta Marca Perú y la gastronomía lo resalta bien Thays: ha creado un sentimiento nacional banal, hueco, y vacío – me veo tentado a decir bruto y achorado, por que los adjetivos le sientan bien (ver cita de arriba) -, y el problema con este y otros nacionalismos es que son excluyentes: crean un estereotipo de lo que debe ser o lo que es peruano, y lo que queda al margen es relegado completamente. El nacionalismo necesita siempre o un enemigo, o algo de lo que pueda diferenciarse en pro de un valor que considera fundamental para el ciudadano. El nacionalismo nazi excluyó a los “no arios” y vio como enemigo a los judíos mientras alababa al superhombre; el japonés de Meiji tomó como ideal la modernización occidental y excluyó a todo aquello que representara un “atraso” como los samurai, y el de Velasco quería distinguir expresamente al peruano del enemigo chileno.

Con el de Marca Perú, sucede lo mismo. Se crea un ideal de lo que es idóneo para un peruano, y se condena al resto. Y lo que es idóneo es que el peruano esté orgulloso de su comida, por lo que ahora Thays es considerado disidente por ofenderla o siquiera criticarla. Y es interesante que al orgullo nacional y a los jóvenes no le importe ni condene tanto a las empresas internacionales que devoran nuestro patrimonio, que gobiernos “nacionalistas” electos se alíen con aquellas internacionales, o que terroristas que le declararon guerra a la nación busquen la manera de seguir con vida.

Ser Peruano

–    “No pretendo obligar a ningún turista a beber Inca Kola (“la bebida del sabor nacional” en un país donde el concepto “nación” es una incógnita)” (Thays 2012)

¿Qué es ser peruano? La respuesta es elusiva. Obviamente es más que haber nacido en territorio nacional, y Marca Perú, directa o indirectamente, establece una solución. Haya querido o no hacerlo, define lo peruano en base a lo que es “representativo” y lo vende como marca. Pero aquello que es “representativo” no es más que una pequeña depuración, (realizada en su mayoría por un grupo de personas que se encuentra en el estrato socioeconómico A) (Porque ser peruano es, obviamente, tener derecho a correr buenas olas) de entre muchas otras actividades culturales propias de las varias de culturas de este país, que quedan excluidas, al igual que la obra de Thays, de la gran marca que es el Perú (sic) debido a que alguien no recordó que existían, nunca lo supo, o simplemente prefirió otras por ser más conocidas – “mainstream”

–    “Si hay algo más indigesto que la comida peruana es el patriotismo de parroquia. Esta bulla mediática demuestra que el llamado “boom” gastronómico peruano no es ese elemento unificador de halo místico, generoso, sentimental y mestizo que se nos ha querido vender sino, al contrario, un elemento marginador, que exacerba el peor nacionalismo y las reacciones intolerantes, machistas, homofóbicas y chauvinistas de los peruanos que firman sus comentarios como “cholo soy”” (Thays 2012)

Directa o indirectamente, Marca Perú moldea la identidad peruana, y quiere que nos enorgullezcamos de los nuestro – En cuanto lo nuestro sea aquello bien reconocido por el extranjero (Nada de Apus ni ashánikas por que son perros del hortelano) – ; pero solo lo logra a manera superficial: a pesar de que se venda comida novoandina de fusión en restaurantes de cinco estrellas en Manhattan y estemos orgullosos de aquello; a pesar que en los cinco días de Mistura se coma Pachamanca, en Larcomar se discrimina a una persona por ir vestida como andino. La marca y nuestra gastronomía nos sirve como otra excusa, irónicamente, para decirle al mundo que somos incluyentes, que no hay discriminación, ni nada parecido, y podamos ir a Asia a juerguear en el Intifest con orgullo nacional.

(Y todo esto me lleva a pensar que en más de 70 años, nada ha cambiado. La elite socioeconómica, concentrada en Lima sigue estando más cerca a Miami que a Cajamarca, la ruptura entre Costa, Sierra y Selva se ha vuelto más palpable por los medios de comunicación, y la única forma que el Estado encuentra para unificarlas es con pragmática inversión extranjera que, como hemos visto, crea más desunión que verdadera unión nacional. Ponernos un pin de Marca Perú crea una imagen para el exterior, pero no soluciona nada aquí adentro.)

–    “Al parecer, la autoestima peruana solventada por el discurso gastronómico es un globo tan frágil que hasta un comentario menos filoso que una cuchara de bebé la hace estallar en mil pedazos” (Thays 2012) (No pudo dejarlo más claro)

Aún no le ha quedado claro al país que es ser peruano. Históricamente, ha existido siempre una dualidad que hasta hoy persiste. Existe una guerra civil, impulsada por los medios, que enfrenta diariamente a los brutos y achorados contra los rojos y caviares y sus respectivos sectores, y cada uno tilda antipatriótico y menos peruano al otro. En medio de aquél caos y desunión, surge este nacionalismo en base a ceviches que pretende unirnos todos juntos como hermanos cuando la realidad es diferente: los peruanos – y sobre todo los limeños – estamos más ocupados tratando de tumbarnos entre nosotros mismos por cojudos roches ideológicos, que en construir una verdadera identidad o proyecto nacional, y apreciamos la comida porque sabe bien, no por una verdadera preocupación de relacionarnos con la cultura que debería ser nacional.

Tal vez si, tal vez cuando juegue la blanquirroja Aldo Mariátegui y Gregorio Santos saltarán por lo mismo, pero debemos esforzarnos por dejar estas estúpidas guerras intestinas de lado y unirnos por más tiempo del que dure un partido de la selección o el almuerzo en la esquina; debemos despertar de una vez y encontrar aquello que nos pueda definir a todos – si es que en verdad queremos aquello – y dejar de considerar a Thays un traidor a la patria por que no le gusta la Inca Kola ya que, a pesar de no ser tan conocido como el Ceviche, ha dejado bien parado al Perú con su obra, como lo haría un buen embajador.

Javier Aguilar

La fiesta democrática a la que nadie quiere ir

Con la compra de 7 kits electorales para comenzar el proceso de revocatoria de la antes querida alcaldesa de Lima Susana Villarán, comienza una carrera por firmas en la que ya Alditus, que va por su tercer strike a la hora de escoger bando, y Castañeda, inmortalizado meme peruano, venían alistándose desde sus trincheras desde hace tiempo. Sin embargo, la revocatoria tiene más de un matiz que algunos fans y escuderos de la “LadyVaga” se niegan a ver.

Desde 1997 es que nuestro sistema electoral cuenta con medios de democracia directa como la revocatoria o el referéndum para así tejer las complicadas redes del accountability político e incentivar a que los mismos electores tengan el poder de bajarles el dedo a sus autoridades, sea por corruptas o ineficientes. No obstante, la alta cantidad de firmas (25% de los votantes) que se necesita para que dichos procesos sean abiertos impone una valla muy alta que en raras ocasiones se llega a superar en nuestro país (solo un 8% de pedidos de revocatorias terminan llevándose a cabo según Correo Semanal). Esta cifra se requiere para demostrar que un buen número de representados está de acuerdo con la revocatoria, lo cual es imposible de saber desde un simple sondeo online.

Pese a todas las dificultades que trae una revocatoria, esta es uno de los mecanismos más democráticos que existen en nuestro sistema electoral. Es el paraíso de la izquierda: poder popular con la capacidad de mostrar su descontento de manera directa. El hecho que se plantee la revocatoria como una solución viable denota ya una faceta (o careta?) democrática que en otros tiempos pudo haber sido una toma violenta de la municipalidad o una huelga generalizada. Así como las elecciones, un proceso de revocatoria o referéndum es una fiesta democrática, quiéranlo o no.

Sin embargo, nuestra política (derechas e izquierdas cuando les toca ser oposición) cada vez más “achorada” utiliza dichos mecanismos con una denotación revanchista y de venganza para establecer una campaña de desprestigio hacia la Alcaldía, dedicando cantidades de poder fáctico hasta esta cruzada, ahora bajo el nombre de revocatoria. Si bien están claras las intenciones de los promotores mediáticos de la revocatoria, el proceso es legítimo y, en caso llegue a prosperar, no solo se deberá a una campaña negativa, como quiere verlo la misma alcaldesa, sino en que hay un real descontento con la gestión actual de nuestra capital. Este sentimiento no puede ser inventado a lo Inception en las mentes de los limeños. Alguien realmente cree que Mariátegui sea el más popular en los barrios de San Juan de Miraflores?

Y que los defensores de Villarán no se pierdan en el argumento de “cuánto daño puede hacer esto a la municipalidad” o “solo serían 10 meses que tendría el próximo alcalde”, ya que, promovida por quien sea promovida, la revocatoria es un aspecto sano de la democracia que, en vez de ser atacado, debe ser visto como una autocrítica y un “qué estamos haciendo mal”, tal como el ideal de centro-izquierda de Fuerza Social y sus seguidores solían destacar.

De todas maneras, cada uno está en su ley en si decide firmar a cambio de galletas o no firmar la revocatoria en base a la poca esperanza que pueda quedar luego de una cachetada de realidad; pero la democracia es así, lo que desee la mayoría es lo que se cumplirá: La pregunta que queda es si Villarán sigue cayendo en el juego político del que tanto decía ser enemiga al combatir fuego con fuego con el caso Comunicore –o, incluso, fuego con mudez o soberbia-, lo necesario es mejorar los canales de publicidad de sus obras (sean de cemento o no) en la capital (que no dudo que las haya) para así combatir de manera efectiva el descontento ciudadano que no solo se contenta con frases hechas o con ideales etéreos, pero tampoco con algunos by-pass.

De dejar la altanería caviar y establecer mejoras en su gestión como está haciendo con el cambio de algunos gerentes municipales, habrá dado la estocada final a Alditus, Castañeda y cualquier resentido político que dé prueba al argumento central de Dargent en “Demócratas Precarios”.

De la Hoja de Ruta a la realidad: Cien días de gobierno de Ollanta Humala

Por: Chinn De La Cruz Loo

Bajo tres pilares nuestro hoy electo presidente, Ollanta Humala, ha dirigido sus  primeros 100 días  gobierno en compañía de su gabinete ministerial. Inclusión social, estabilidad y crecimiento económico, y el mantenimiento de la paz social y el orden interno junto a la seguridad ciudadana han sido las principales características de estos meses –y banderas de su campaña electoral-. Sin embargo, el contexto político actual ha demostrado que, así como existen aspectos positivos y resaltantes de la labor del líder de Gana Perú, también existen los aspectos negativos y repudiables de su gobierno. Los interminables casos de corrupción dentro de la bancada oficialista han terminado por opacar y ejercer presión dentro de estos primeros 100 días de trabajo por el Perú. A continuación, un breve recorrido por este trayecto al cual le espera más de 1700 días más de labor gubernamental.

“Igualdad de oportunidades para la población”, “acceso equitativo” a los servicios básicos del Estado (salud y educación de calidad), e inclusión y estabilidad económica como camino hacia la justicia social son algunos de los conceptos o propuestas que tiene el presente gobierno como meta para lograr la Inclusión Social en nuestro país. Es así como, apenas asumió el cargo de primer mandatario de la República del Perú, Humala Tasso anunció el aumento del salario mínimo vital. Asimismo, quince días después de asumir el cargo, el presidente viajó con una comitiva hacia el sur del país para analizar la situación en la que se encontraban las ciudades de Pisco y Chincha, las cuales fueron víctimas del terremoto del 2007 y que –hasta la actualidad- aún no han sido reconstruidas. A ello, se sumó la iniciativa del Congreso de la República, el cual inició sus actividades con una sesión descentralizada del pleno en el sur del país.

Por otro lado, en lo que compete al ámbito legislativo, el día 6 de setiembre, en la provincia de Bagua, Ollanta Humala promulgó la Ley del Derecho a la Consulta Previa a los Pueblos Indígenas u Originarios,  aprobada por unanimidad el 23 de agosto por el Congreso de la República. Esta ley, si bien fue trabajada por el gobierno antecesor, no pudo llegar a buen puerto debido a las intervenciones en contra que presentaban los congresistas de ese entonces. Dentro de esta sección, también se puede resaltar la creación del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social, cuya función será organizar todos los programas sociales y reunirlos en una sola cartera ministerial. Este permitirá descongestionar la labor del Ministerio de la Mujer y mejorar la eficiencia de los programas sociales evitando una política del asistencialismo por parte del Estado.

Aparte de ello, con un presupuesto de S/. 1.429 millones de soles para el 2012, el gobierno pondrá en pie su promesa de campaña de fortalecer e implementar los programas sociales como Pensión 65, Beca 18, Cuna más y el Servicio de Atención Médica de Urgencias (SAMU). Este paquete también incluye el desarrollo y expansión del exitoso programa Juntos, implementado durante el gobierno del ex presidente Alejandro Toledo Manrique. De lo que se sabe, ya se puso en marcha Pensión 65 -a nivel nacional- y el SAMU –a nivel de Lima Metropolitana con proyección a expandirse a nivel nacional-. El uno de diciembre se estará convocando para Beca 18, mientras que Cuna más se implementará una vez esté instalado y estructurado el Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social.

Ante ello, Carlos Aramburú, profesor principal de la PUCP, sostiene2 que el principal reto que posee Ollanta Humala es manejar la “articulación económica con la articulación de la política social”. Dice que lo que no quiere repetir este gobierno es la ya conocida política del “chorreo”: no quieren que suceda que mientras “algunos se bañan, a otros les salpica”. Del mismo modo, piensa que existe un vacío en el tema de la inclusión social. El panorama se está entregando en un marco de otorgar derechos, pero no deberes; muchos de los programas sociales están basados en el asistencialismo, en la gratitud, pero con un enfoque de innovación, no repetitivo.

Finalmente, dentro del aspecto sobre la Inclusión Social, el gobierno de Ollanta Humala ha implementado el Consejo Económico y Social, promesa de la segunda vuelta electoral y, mediante la Ley de Seguridad y Salud en el Trabajo ha fortalecido los derechos del trabajador, tanto en el ámbito personal (físico – mental), como en el ámbito gremial.

En lo que respecta al ámbito económico, el actual gobierno ha dado dos pasos importantes. El primero, en relación al “Impuesto a las sobreganancias mineras”, el cual está enfocado no solamente a obtener mayor ingreso económico (canon minero) por parte de las empresas dedicadas a este rubro; sino, también a respetar y proteger el medio ambiente, los pueblos indígenas u originarios y fortalecer las inversiones e inyecciones económicas por parte del capital extranjero. Con ello, se busca “mantener un equilibrio entre el aporte a los ingresos fiscales provenientes de la minería y la competitividad del sector, a fin de continuar atrayendo inversión”.

A pesar de que cuando estuvo en campaña, fue criticado por su concepción política – económica, el primer mandatario ha sabido representar –medianamente- la estabilidad económica nacional. En efecto, este panorama estuvo representado y respaldado desde la elección de su Consejo de Ministros y de las autoridades responsables de las principales instituciones públicas del país.

Sin embargo, ante ello, Alan Fairlie2, economista e investigador del Departamento de Economía de la PUCP, sostiene que Ollanta Humala posee un compromiso con los peruanos, que el enfoque económico nacional que se está dando corresponde a un “continuismo ortodoxo”, en donde “no se negocian ni se tocan los TLC”. Este tipo de ideas a las que hace referencia, son reflejadas en uno de los objetivos del presente gobierno, el cual indica “respetar los contratos de estabilidad vigentes, salvo mutuo acuerdo voluntario”.

A parte de ello, Julio Cotler2, reconocido sociólogo, antropólogo y politólogo peruano, sostiene que el actual gobierno posee dos graves problemas que afrontar: el primero, sobre la definición y especificación de la Ley de Consulta Previa versus los conflictos mineros. Y, el segundo, sobre la crisis económica mundial que se percibe en el presente.

Pese a ello, el gobierno del dignatario peruano, como segundo paso importante en materia económica, ha aumentado y descentralizado el financiamiento económico a los gobiernos regionales y municipios, ha aprobado un respaldo económico para afrontar la crisis económica actual y está trabajando en la Ley Mype, con la cual se busca aumentar la competitividad y promocionar la formalización laboral de miles de peruanos.

Por último, en lo que respecta a la reforma del Estado y las políticas de seguridad ciudadana, existen dos banderas que identifican estos aspectos. La primera consiste en hacer un Estado al servicio del ciudadano peruano. Esta comprende en convertir el aparato público burocrático en un aparato eficiente, comprometido al servicio nacional, transparente, meritocrático y ordenado.

Además, como segunda bandera se perfiló la lucha anticorrupción. Situación que le ha jugado una mala pasada a nuestro primer mandatario puesto que, dentro de su bancada, se han encontrado congresistas que han faltado a los valores y principios de un buen padre de la patria. Asimismo, uno de los últimos casos más bochornosos y comentados ha sido el supuesto tráfico de influencias por parte del Segundo vicepresidente de la República.

En consecuencia, estos primeros 100 días de gobierno han marcado un hito en la historia nacional, dado el mayor énfasis social que el actual presidente está otorgando a la nación peruana. Sin embargo, aún queda mucho camino por recorrer junto al personaje que nos representa como nación, pero que -más aún- nos prometió un Perú más justo, un Perú mejor. Por eso, al ciudadano peruano le queda, simplemente, esperar.

 

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Reflexiones sobre el rol del gremio y las asambleas de delegados

Por Henry Ayala    Ya una vez en facultad tuve recién el agrado de conocer a Mr. Weber, el cual trajo consigo la idea locaza de darle suma importancia al líder carismático que es él quién nos salvará de la … Sigue leyendo

Unnatural Selection

Por Henry Ayala

Ollanta Humala es el virtual ganador de estas elecciones presidenciales. La democracia es la ganadora indiscutible del escrutinio, el cual se percibió bastante polarizado e hizo recordar en ocasiones al peleado MVLL-Fujimori de los 90s. Es más, los resultados al conteo rápido son prueba fehaciente de lo dividido que resultó estar el Perú a la hora de ir a votar. Los peruanos discernimos entre la moralidad, el retroceso, las dudas y las certezas avocados hacia la construcción de un futuro mejor. ¿En estas elecciones ganó el Perú? ¿Qué significan estos resultados electorales? ¿Ahora qué hacemos? Vamos por partes.

Probablemente, sobre todo a la hora de acudir a nuestros locales de votación el 10 de abril, nunca nos hubiéramos imaginado (trágame tierra) a los dos candidatos que quedarían para el segundo round electoral. “No eligieron los ignorantes, eligieron los ignorados” decían por ahí, recordando lo escindido que está el país en materia de construcción del Estado-nación. Keiko Fujimori, para muchos, representaba la corrupción y la tacleada continua a los derechos humanos (cortesía de Fujimori Sr.); mientras que Ollanta Humala, para otros, era la viva imagen del chavismo venezolano y la de un fantasma estatista ensimismado en declararles la guerra a los chilenos. Fueron casi dos meses de parafernalia electoral y campaña sucia: ataques, metidas de pata de voceros, cambio de planes, acogida de técnicos, llamadas telefónicas y un larguísimo y estruendoso etcétera. El Perú, una vez más, se partía en dos bandos pidiendo la cabeza del líder opuesto, dividiendo universidades (sí, la PUCP estaba dividida, duela a quien le duela), familias e incluso grupos de amigos ante las preferencias electorales de cada votante.

Si bien se habló de reforma del modelo económico, esta segunda vuelta no se trató de ricos vs. pobres. Siendo ambos candidatos catalogados como más asistencialistas o más cercanos al horizonte estadonacional (según Alberto Vergara, el que pide a gritos formar parte del estado-nación), urgió la necesidad de pelear voto a voto el sector CDE. Incluso el AB no tuvo un candidato fijo. En los 90’s, por ejemplo, se habló de un 80% de votos de la clase socioeconómica alta para Vargas Llosa. A punta de intelectuales y faranduleros, Humala y Fujimori (respectivamente) remecieron el país en busca de ese voto indeciso proclive a dibujar falos en las cédulas (maximum trolling?). [1]

Se podría hablar de un clivaje, palabra fetiche de los politólogos, para caracterizar estas elecciones. Tal vez decir que el país se dividió entre NAKers (No a Keiko) y Fujimoristas no sea tan arriesgado. En fin, ¿no fue el “Fujimori Nunca Más” capaz de reunir a unas cinco mil personas en el centro de lima en protesta contra lo que significó (y significa) el fujimorismo?[2]. Poco a poco el Instant Memorex [3] surtió efecto dentro de las mentes de miles de compatriotas, creando así un grupo de ciudadanos prestos a defender su memoria y no dejar impunes las miles de pérdidas humanas causadas durante los 90s. El hashtag #26M en twitter solidifica ese rotundo NO que se gritó a viva voz en campo de Marte, deseoso de encaminar el país en el aprendizaje de sus errores.

Ojo que estar en contra de Keiko no significa una devoción total a Ollanta: El NAK demuestra una acción colectiva basada en la dignidad del pueblo peruano y el total rechazo contra el autoritarismo y la corrupción vivida en los años 90 bajo el fujimorismo. Un No a Keiko no es un Sí a Humala rotundo. Si hubiera sido Toledo o PPK el contendor de Fuerza 2011, habrían obtenido la misma campaña indirecta y el beneficio del “anti-voto” que obtuvo el candidato nacionalista; y viceversa si se tratara de los anti-Chávez. El objetivo del NAK era claro: si hubo personas u organizaciones que trataron de enrumbar dicho fin hacia uno más proselitista a favor a la candidatura de Humala, sería tan reprobable como la propia polarización de los medios.

AL parecer la victoria de los NAKers se asoma por la ventana como el amanecer. Al final no ganó el regreso al fujimorismo y se viene un nuevo rumbo nacionalista. Sin embargo, la noche pasada nos deja un ambiente de guerra civil que resolver: una dura batalla se llevó a cabo durante dos meses en nuestro país. Naranjas y rojos, urbanos y rurales, limeñitos y provincianos: Lo que se necesita ahora es amistar de nuevo a estas dos mitades de electores. Si algo demostraron estas elecciones es que la imponente Lima no decide por sobre el Perú entero. Es menester sanear los pesares y las enemistades causadas por esta competencia electoral para dar frente a una nueva concertación, capaz de enrumbar al país hacia un crecimiento sostenible, contribuyendo con una distribución de la riqueza que no se base en una política de “chorreo”. Se necesita hacer tangibles los porcentajes de lucha contra la pobreza, que tanto Alan García pavoneaba en conferencias, para el ciudadano de a pie: Ganara quien ganara, el Perú seguiría estando ahí, el tiempo no se detendría, el peruano igual lucharía día tras día por un mejor mañana. “A pesar de todo yo me quedo en el Perú, y tú?”[4]. El siguiente paso hacia la reconciliación de estos dos frentes queda de nosotros. Izquierdistas, NAKers, Fujimoristas, PPKausas: El futuro lo hacemos todos.

Finalmente, las dudas de Humala siguen teniendo la posibilidad de convertirse en certezas en el nuevo gobierno que se aproxima. Por ello, nuestro papel como ciudadanos ahora debe ser la constante fiscalización de las buenas prácticas gubernamentales y el respeto a los derechos humanos y la democracia. Esas mismas personas que acudieron a marcar la O en la segunda vuelta serán también las primeras en marchar por la democracia ante cualquier intento golpista o movida de corte autoritario en el gobierno que se avecina. Vigilantes, vigilantes peruanos con el nuevo gobierno para asegurar el futuro de nuestra amada democracia.

Concluyo con la frase con la cual un conocido y cachetón blogger tituló su columna dominical: Bienvenidos a la resistencia. Esa resistencia que no se quedará callada ante las irregularidades que puedan surgir durante el periodo de Humala, que estará pendiente con cada punto del plan de gobierno y pretenderá colaborar con el proyecto país que todos queremos. Dicho bastión no solo se debe tratar de dar la contra cual necio: involucra una visión más constructiva que destructiva, en donde a todos nos une el mismo sentimiento de asegurar el sendero de crecimiento que nuestro país va logrando al caminar durante gestiones anteriores. Que nuestro (virtual hasta ahora) nuevo presidente tenga en cuenta que por cada Bagua, petroaudio o “disolver!” habrán cientos de protestas y movilizaciones en pro de la democracia y el buen gobierno. Oposición somos todos. El 5 de junio al votar por Humala no firmamos un cheque en blanco.

La resistencia comienza aquí y ahora.

Sountrack: Unnatural Selection – Muse