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De apolíticos e independientes

De ciertos artículos de opinión que alguna vez leí [1][2], se puede desprender la idea de que es mentira que los ateos no crean en nada, ya que su propia autoestima evidencia su alta devoción a ellos mismos. Su religión se erige en base a su conocimiento individual. Bromas aparte, dicho postulado adquiere cierto sentido lógico si se toma como premisa inicial el hecho de que todo ser humano necesita creer en algo (sea terrenal o no). Asimismo, en la política nacional, abundan la falta de fe tanto en partidos políticos como en las reglas de juego. Es éste el contexto predominante en una democracia sin partidos como la nuestra, en dónde ni el espectro micropolítico de agrupaciones estudiantiles de la Católica se salva de los “ateos políticos”. De esta manera, se produce el fenómeno social de los llamados apolíticos e independientes.

Ya varios se han precipitado a decir que la palabra del año será independiente. Sin embargo, esta “moda” no es repentina ni mucho menos reciente. Bastaría con recordar los años naranjas o la victoria de Belmont en la alcaldía limeña para darnos cuenta que clasificarte como “indie” es más mainstream que los partidos políticos en sí. Tal como los ateos, los llamados independientes argumentan que no tienen ninguna afiliación política, ya que no creen en una ideología divinizada. Incluso, dicha etiqueta constituye, etimológicamente, una no-dependencia que se puede interpretar como una desafiliación previa de algún partido político; lo cual deviene en críticas hacia el establishment partidario. Si se combina esto con el principio de “quiero-hacer-política”, podríamos llegar a la conclusión de que el independiente busca formar su propia ideología o grupo, así él sea el único creyente. En otras palabras, es independiente en referencia a los grupos tradicionales, pero no a sí mismo: todos somos dependientes de nuestras ideas o actitudes políticas, por más que los devotos del rational choice digan lo contrario.

Aún así, siempre cabe la posibilidad de negar la premisa inicial y decir que la religión no es imprescindible, por lo que se podría postular que el ser humano no necesita creer en algo superior (ni en Dios ni en el superhombre). Análogamente, podríamos despreciar la política en sí como medio para conseguir la solución a los problemas de la sociedad y desdeñar los asuntos públicos para centrarnos únicamente en lo particular: la completa definición de un apolítico. Éste, simplemente, no confía ni en la política ni en su necesidad práctica; por lo que podemos inferir fácilmente que no aspira a ningún cargo de representación o afiliación partidaria. Cabe resaltar que la persona apolítica posee una opinión formulada sobre lo político, lo cual lo diferencia de un desinteresado en el tema.

Se suele caer en el error de tratar ambas definiciones como sinónimas cuando, en realidad, éstas se diferencian en el diagnóstico sobre la problemática del país. Si A piensa que el Perú anda mal por culpa de la ineficiencia de los partidos políticos tradicionales, pero aún confía en la política como vía hacia el desarrollo nacional, se le proclamará como independiente. En cambio, si B no confía ni en los partidos, ni en que la política y sus mecanismos democráticos sirvan para mejorar la situación nacional; se dirá que es un apolítico.

El caso de la escena política PUCP

Teniendo en cuenta dichas definiciones, ser independiente, en el contexto de la PUCP, significa no estar de acuerdo con los movimientos universitarios tradicionales. Esto puede deberse a sus malas gestiones, a la reticencia del independiente a ubicarse en una delimitada derecha o izquierda, o por los conflictos personales dentro de los mismos grupos. Incluso, es muy probable que el “no-dependiente” lo sea como producto de haber apoyado o participado dentro de una agrupación en el pasado, terminando decepcionado de la misma. Además, si cuenta con las capacidades, estaría dispuesto a formar otro grupo que se diferencie de los ya establecidos, tratando de convencer a otros independientes de seguir sus ideas.

Los apolíticos PUCP, en cambio, serán los que ven las agrupaciones y la representación estudiantil como una pérdida de tiempo que no produce ningún beneficio colectivo. Usualmente, son los primeros en mostrar quejas sobre algún problema que les atañe directamente sin proponer soluciones viables. Si dicho problema no les afectara, simplemente, desconocerían los asuntos públicos de la universidad y se dedicarían a lo particular; es decir, a sus estudios o el ocio. En este contexto, siempre va a haber apolíticos, pero su proliferación en exceso conlleva a daños en la legitimidad del proceso político necesario en la agendación de problemas netamente estudiantiles.

Entonces, ¿los independientes también serían dañinos para el espectro político PUCP? Sí y no. Por una parte, el surgimiento de independientes trae serias dificultades para la institucionalización de agrupaciones fuertes y modernas. Por otra, el hecho de contar con personas desligadas de las agrupaciones tradicionales, deseosas de mejorar las condiciones del estudiante en la PUCP, trae consigo cierta frescura de ideas. Una vez dentro del juego político, dichas propuestas podrían ser sometidas a debate, lo que refuerza la cultura democrática y de tolerancia que se vive en la universidad.

De esta manera, es necesario tener en cuenta que, a más personas activas e informadas sobre la problemática de la PUCP, mejor calidad de representación. Si bien un buen camino para lograr un gremio de calidad es mediante agrupaciones sólidas e institucionalizadas; es menester, para los que formamos parte de éstas -los integrados-, adaptarnos a los cambios de espectro y no cerrarle la puerta a nuevos grupos o personas deseosas de colaborar con otros puntos de vista a la mejora de la católica. Nuestro reto está en lograr que la labor partidaria sea más atractiva, y más tolerante a nuevas percepciones, que el difícil camino hacia el grupo propio.

Así, regresando a la analogía inicial, si la diosa imperante en nuestro ambiente político fuera la Democracia, basada en el debate alturado que busca consensos y mejoras globales, nadie querría ser ateo.

Henry Ayala

La fiesta democrática a la que nadie quiere ir

Con la compra de 7 kits electorales para comenzar el proceso de revocatoria de la antes querida alcaldesa de Lima Susana Villarán, comienza una carrera por firmas en la que ya Alditus, que va por su tercer strike a la hora de escoger bando, y Castañeda, inmortalizado meme peruano, venían alistándose desde sus trincheras desde hace tiempo. Sin embargo, la revocatoria tiene más de un matiz que algunos fans y escuderos de la “LadyVaga” se niegan a ver.

Desde 1997 es que nuestro sistema electoral cuenta con medios de democracia directa como la revocatoria o el referéndum para así tejer las complicadas redes del accountability político e incentivar a que los mismos electores tengan el poder de bajarles el dedo a sus autoridades, sea por corruptas o ineficientes. No obstante, la alta cantidad de firmas (25% de los votantes) que se necesita para que dichos procesos sean abiertos impone una valla muy alta que en raras ocasiones se llega a superar en nuestro país (solo un 8% de pedidos de revocatorias terminan llevándose a cabo según Correo Semanal). Esta cifra se requiere para demostrar que un buen número de representados está de acuerdo con la revocatoria, lo cual es imposible de saber desde un simple sondeo online.

Pese a todas las dificultades que trae una revocatoria, esta es uno de los mecanismos más democráticos que existen en nuestro sistema electoral. Es el paraíso de la izquierda: poder popular con la capacidad de mostrar su descontento de manera directa. El hecho que se plantee la revocatoria como una solución viable denota ya una faceta (o careta?) democrática que en otros tiempos pudo haber sido una toma violenta de la municipalidad o una huelga generalizada. Así como las elecciones, un proceso de revocatoria o referéndum es una fiesta democrática, quiéranlo o no.

Sin embargo, nuestra política (derechas e izquierdas cuando les toca ser oposición) cada vez más “achorada” utiliza dichos mecanismos con una denotación revanchista y de venganza para establecer una campaña de desprestigio hacia la Alcaldía, dedicando cantidades de poder fáctico hasta esta cruzada, ahora bajo el nombre de revocatoria. Si bien están claras las intenciones de los promotores mediáticos de la revocatoria, el proceso es legítimo y, en caso llegue a prosperar, no solo se deberá a una campaña negativa, como quiere verlo la misma alcaldesa, sino en que hay un real descontento con la gestión actual de nuestra capital. Este sentimiento no puede ser inventado a lo Inception en las mentes de los limeños. Alguien realmente cree que Mariátegui sea el más popular en los barrios de San Juan de Miraflores?

Y que los defensores de Villarán no se pierdan en el argumento de “cuánto daño puede hacer esto a la municipalidad” o “solo serían 10 meses que tendría el próximo alcalde”, ya que, promovida por quien sea promovida, la revocatoria es un aspecto sano de la democracia que, en vez de ser atacado, debe ser visto como una autocrítica y un “qué estamos haciendo mal”, tal como el ideal de centro-izquierda de Fuerza Social y sus seguidores solían destacar.

De todas maneras, cada uno está en su ley en si decide firmar a cambio de galletas o no firmar la revocatoria en base a la poca esperanza que pueda quedar luego de una cachetada de realidad; pero la democracia es así, lo que desee la mayoría es lo que se cumplirá: La pregunta que queda es si Villarán sigue cayendo en el juego político del que tanto decía ser enemiga al combatir fuego con fuego con el caso Comunicore –o, incluso, fuego con mudez o soberbia-, lo necesario es mejorar los canales de publicidad de sus obras (sean de cemento o no) en la capital (que no dudo que las haya) para así combatir de manera efectiva el descontento ciudadano que no solo se contenta con frases hechas o con ideales etéreos, pero tampoco con algunos by-pass.

De dejar la altanería caviar y establecer mejoras en su gestión como está haciendo con el cambio de algunos gerentes municipales, habrá dado la estocada final a Alditus, Castañeda y cualquier resentido político que dé prueba al argumento central de Dargent en “Demócratas Precarios”.

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Reflexiones sobre el rol del gremio y las asambleas de delegados

Por Henry Ayala    Ya una vez en facultad tuve recién el agrado de conocer a Mr. Weber, el cual trajo consigo la idea locaza de darle suma importancia al líder carismático que es él quién nos salvará de la … Sigue leyendo

Unnatural Selection

Por Henry Ayala

Ollanta Humala es el virtual ganador de estas elecciones presidenciales. La democracia es la ganadora indiscutible del escrutinio, el cual se percibió bastante polarizado e hizo recordar en ocasiones al peleado MVLL-Fujimori de los 90s. Es más, los resultados al conteo rápido son prueba fehaciente de lo dividido que resultó estar el Perú a la hora de ir a votar. Los peruanos discernimos entre la moralidad, el retroceso, las dudas y las certezas avocados hacia la construcción de un futuro mejor. ¿En estas elecciones ganó el Perú? ¿Qué significan estos resultados electorales? ¿Ahora qué hacemos? Vamos por partes.

Probablemente, sobre todo a la hora de acudir a nuestros locales de votación el 10 de abril, nunca nos hubiéramos imaginado (trágame tierra) a los dos candidatos que quedarían para el segundo round electoral. “No eligieron los ignorantes, eligieron los ignorados” decían por ahí, recordando lo escindido que está el país en materia de construcción del Estado-nación. Keiko Fujimori, para muchos, representaba la corrupción y la tacleada continua a los derechos humanos (cortesía de Fujimori Sr.); mientras que Ollanta Humala, para otros, era la viva imagen del chavismo venezolano y la de un fantasma estatista ensimismado en declararles la guerra a los chilenos. Fueron casi dos meses de parafernalia electoral y campaña sucia: ataques, metidas de pata de voceros, cambio de planes, acogida de técnicos, llamadas telefónicas y un larguísimo y estruendoso etcétera. El Perú, una vez más, se partía en dos bandos pidiendo la cabeza del líder opuesto, dividiendo universidades (sí, la PUCP estaba dividida, duela a quien le duela), familias e incluso grupos de amigos ante las preferencias electorales de cada votante.

Si bien se habló de reforma del modelo económico, esta segunda vuelta no se trató de ricos vs. pobres. Siendo ambos candidatos catalogados como más asistencialistas o más cercanos al horizonte estadonacional (según Alberto Vergara, el que pide a gritos formar parte del estado-nación), urgió la necesidad de pelear voto a voto el sector CDE. Incluso el AB no tuvo un candidato fijo. En los 90’s, por ejemplo, se habló de un 80% de votos de la clase socioeconómica alta para Vargas Llosa. A punta de intelectuales y faranduleros, Humala y Fujimori (respectivamente) remecieron el país en busca de ese voto indeciso proclive a dibujar falos en las cédulas (maximum trolling?). [1]

Se podría hablar de un clivaje, palabra fetiche de los politólogos, para caracterizar estas elecciones. Tal vez decir que el país se dividió entre NAKers (No a Keiko) y Fujimoristas no sea tan arriesgado. En fin, ¿no fue el “Fujimori Nunca Más” capaz de reunir a unas cinco mil personas en el centro de lima en protesta contra lo que significó (y significa) el fujimorismo?[2]. Poco a poco el Instant Memorex [3] surtió efecto dentro de las mentes de miles de compatriotas, creando así un grupo de ciudadanos prestos a defender su memoria y no dejar impunes las miles de pérdidas humanas causadas durante los 90s. El hashtag #26M en twitter solidifica ese rotundo NO que se gritó a viva voz en campo de Marte, deseoso de encaminar el país en el aprendizaje de sus errores.

Ojo que estar en contra de Keiko no significa una devoción total a Ollanta: El NAK demuestra una acción colectiva basada en la dignidad del pueblo peruano y el total rechazo contra el autoritarismo y la corrupción vivida en los años 90 bajo el fujimorismo. Un No a Keiko no es un Sí a Humala rotundo. Si hubiera sido Toledo o PPK el contendor de Fuerza 2011, habrían obtenido la misma campaña indirecta y el beneficio del “anti-voto” que obtuvo el candidato nacionalista; y viceversa si se tratara de los anti-Chávez. El objetivo del NAK era claro: si hubo personas u organizaciones que trataron de enrumbar dicho fin hacia uno más proselitista a favor a la candidatura de Humala, sería tan reprobable como la propia polarización de los medios.

AL parecer la victoria de los NAKers se asoma por la ventana como el amanecer. Al final no ganó el regreso al fujimorismo y se viene un nuevo rumbo nacionalista. Sin embargo, la noche pasada nos deja un ambiente de guerra civil que resolver: una dura batalla se llevó a cabo durante dos meses en nuestro país. Naranjas y rojos, urbanos y rurales, limeñitos y provincianos: Lo que se necesita ahora es amistar de nuevo a estas dos mitades de electores. Si algo demostraron estas elecciones es que la imponente Lima no decide por sobre el Perú entero. Es menester sanear los pesares y las enemistades causadas por esta competencia electoral para dar frente a una nueva concertación, capaz de enrumbar al país hacia un crecimiento sostenible, contribuyendo con una distribución de la riqueza que no se base en una política de “chorreo”. Se necesita hacer tangibles los porcentajes de lucha contra la pobreza, que tanto Alan García pavoneaba en conferencias, para el ciudadano de a pie: Ganara quien ganara, el Perú seguiría estando ahí, el tiempo no se detendría, el peruano igual lucharía día tras día por un mejor mañana. “A pesar de todo yo me quedo en el Perú, y tú?”[4]. El siguiente paso hacia la reconciliación de estos dos frentes queda de nosotros. Izquierdistas, NAKers, Fujimoristas, PPKausas: El futuro lo hacemos todos.

Finalmente, las dudas de Humala siguen teniendo la posibilidad de convertirse en certezas en el nuevo gobierno que se aproxima. Por ello, nuestro papel como ciudadanos ahora debe ser la constante fiscalización de las buenas prácticas gubernamentales y el respeto a los derechos humanos y la democracia. Esas mismas personas que acudieron a marcar la O en la segunda vuelta serán también las primeras en marchar por la democracia ante cualquier intento golpista o movida de corte autoritario en el gobierno que se avecina. Vigilantes, vigilantes peruanos con el nuevo gobierno para asegurar el futuro de nuestra amada democracia.

Concluyo con la frase con la cual un conocido y cachetón blogger tituló su columna dominical: Bienvenidos a la resistencia. Esa resistencia que no se quedará callada ante las irregularidades que puedan surgir durante el periodo de Humala, que estará pendiente con cada punto del plan de gobierno y pretenderá colaborar con el proyecto país que todos queremos. Dicho bastión no solo se debe tratar de dar la contra cual necio: involucra una visión más constructiva que destructiva, en donde a todos nos une el mismo sentimiento de asegurar el sendero de crecimiento que nuestro país va logrando al caminar durante gestiones anteriores. Que nuestro (virtual hasta ahora) nuevo presidente tenga en cuenta que por cada Bagua, petroaudio o “disolver!” habrán cientos de protestas y movilizaciones en pro de la democracia y el buen gobierno. Oposición somos todos. El 5 de junio al votar por Humala no firmamos un cheque en blanco.

La resistencia comienza aquí y ahora.

Sountrack: Unnatural Selection – Muse

Bienvenido Cachimbo-PUCP!

Hola cachimbo, no creas que este es otro manual de ayuda a “nuevos ingresantes” o una forma de “bautizarte”. Al contrario, en esta ocasión, te saludamos de igual a igual para decirte BIENVENIDO A LA PUCP.

Sabemos del gran esfuerzo y dedicación que demostraste en tu examen de admisión; por ello te felicitamos por ingresar a una de las universidades más prestigiosas del país y de América latina. La Pontificia Universidad Católica del Perú,  nuestra casa de estudios, se caracteriza por brindar una enseñanza humanista y amplia para que el egresado no solo conozca su carrera, sino para que tenga conocimientos generales acerca de las distintas ramas de estudio académico.

Podrás preguntarte para qué sirve que un economista sepa la distancia entre alpha-centauri a la Tierra, o qué de relevante tienen las ideas de Kant para un ingeniero mecatrónico; para nosotros, la respuesta es simple: PLURALIDAD. Este espíritu PUCP que gozamos los estudiantes consta en ver las cosas de modo completo (educación 360°) para, de una manera crítica y académica,  adentrarte en el tema según tu especialidad.

Por ello, para enriquecer la vida universitaria, el ambiente del campus posee varios aspectos extracurriculares como el arte, la música, la organización empresarial o política. Es ahí donde venimos a entrar nosotros, el movimiento estudiantil VANGUARDIA UNIVERSITARIA viene trabajando desde hace 7 años para reforzar ese espíritu crítico y humanista que busca crear la universidad.

Mediante talleres, conferencias con profesores o actividades culturales; tratamos de crear espacios de debate ante la coyuntura nacional, política y social. Creemos en la multiculturalidad y la democracia como bases para el desarrollo y buscamos la equidad como valor que edifique a la sociedad. Así, a través de la participación estudiantil en los espacios de la universidad, proponemos una PUCP justa con valores de discernimiento en aras de una excelente formación tanto académica como crítica.

La etapa universitaria no es algo con lo que todo peruano pueda contar, así que vívela al máximo y que tu paso por ella no sea efímero. Cuentas con nosotros para apoyarte y contamos contigo para que juntos cada día construyamos una mejor universidad. Tanto a ti como a nosotros nos quedan muchas cosas por aprender: Nosotros queremos aprender junto a ti ¿te animas?
Del modo más vanguardista posible.

Henry Ayala
Encargado Comisión de Admisiones
Vanguardia Universitaria

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