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Reflexiones sobre el rol del gremio y las asambleas de delegados


Por Henry Ayala 
 

Ya una vez en facultad tuve recién el agrado de conocer a Mr. Weber, el cual trajo consigo la idea locaza de darle suma importancia al líder carismático que es él quién nos salvará de la jaula de hierro en la que se puede convertir la burocracia gubernamental para la sociedad futura. Si bien consideraba al parlamento como eficaz gestor de la administración, el gran Max sostiene que su función fundamental es la de seleccionar a los futuros dirigentes políticos, los cuales serán los principales actores de la lucha por el poder que caracteriza al Estado.

Tratando a duras penas de crear una analogía con la burda política Pucp, podría pensarse en que las asambleas de delegados (Authentic Federación since 1955) cumplen bien su papel de campeonato descentralizado a manera de parlamento, donde castor / pieza / estrella / markarián / etc. pueden fichar a sus posibles candidatos a algún cargo de representación. Y así el río fluye y tenemos lucha de poderes infinita hasta el fin de la Pucp, heráclito’s way. Pero el problema surge cuando este “parlamento” no cumple a cabalidad la función que Weber daba a priori como su fuerte: la eficacia de la burocracia en mantener el orden y, obviamente, de servir para algo útil.

Democracia

Durante mi paso por Letras he presenciado un sinfín de peleas que poco centraban su mirada ante las verdaderas problemáticas de la facultad. Vamos, no me vayan a decir que escoger al fiscal del cf es asunto de vida o muerte para el buen alumno de EEGGLL. Ni siquiera las agrupaciones en su afán por meter “votos” (porque no son personas, oh no, son votos que controlas con mensajes de texto y alertas) a las asambleas son capaces de llenarlas, lo cual muestra un bajo nivel de legitimidad. Pero, ¿qué tanta legitimidad se puede conseguir cuando los delegados numerarios suelen serlo gracias al azar de una moneda?

Y no solo en Letras, el problema de legitimidad recae en todas las facultades que aún se atreven a organizar “parlamentos”, donde incluso se puede pecar de sobrerrepresentación. Piénselo, si en Derecho o en Sociales hay un delegado por curso, y sabemos que las promociones suelen llevar los mismos cursos con las mismas personas, tendrías más de un delegado que, a grandes rasgos, está representando al mismo grupo a la hora de votar. Algo me dice que Weber no se refería a esto como la “eficacia” del parlamento.

Ahora, en la Facultad de Ciencias Sociales pasa una cosa curiosa. Como no es novedad, en la asamblea formal se da con muy pocos delegados y básicamente se tratan temas gremiales o de tomas de postura frente a un tema en especial. Es decir, cáscara pero no pulpa. Es decir, no lo que le preocupa generalmente al estudiante que solo va a la universidad a estudiar y que, si pudiera, se desfederaría sin pestañear. Dada esta ineficacia y falta de convocatoria del gremio (a.k.a el “Estado”) se crearon con el tiempo (por propia iniciativa de los estudiantes) asambleas de especialidad en 3 de las 4 carreras (economía tiene sus motivos, y no los culpo) en donde, si mi cachimbez no me hace equivocarme, se discuten maneras de mejorar las distintas especialidades o de hacer eventos relacionados con ellas: Para lo que, en mi noble opinión, también fueron hechas las benditas y odiadas asambleas gremiales. Cabe resaltar también que dichas asambleas tienen un sistema de delegados parecido al de la federación, con la diferencia que solo se escoge a un delegado por promoción, corrigiéndose así el vicio de la sobrerrepresentación.

Con esto no estoy criticando de manera completa a las asambleas del gremio: Creo que es parte importante de la federación tener mecanismos por los cuales pronunciarse de manera representativa; sin embargo, considero fundamental que las asambleas no se queden en temas burocráticos o tomas de postura y vele también (desde su cancha) por asuntos internos de cada una de sus facultades. Tomemos como ejemplo a sociales. ¿No sería ideal que estas “asambleas de asuntos académicos” puedan combinarse paulatinamente a la asamblea gremial? ¿No sería más representativo tomar un modelo de elección de delegados más delimitado y comprometido como los que poseen estas asambleas? Y primordialmente, ¿¡Sigue siendo válido tener como máximas absolutas reglas estatutarias que fueron escritas en coyunturas completamente distintas a las que vivimos ahora!?

Recapitulando la situación de las facultades, en sociales, como facultad llena de alumnos activos por los temas que le interesan, ya pegó el grito al cielo y decidió tomar las riendas de sus temas académicos (informalidad gremial, De Soto versión caviar?). En ciencias se está haciendo hasta lo imposible por convocar la primera asamblea luego de tantos años de inactividad y de pésimas gestiones de los CFs. Y qué decir de Letras… En resumen, creo que si a las MDs de toda la FEPUC les interesa seguir siendo representativas y no dedicarse solamente a armar tonos o prestar pelotas, creo que un muy buen paso es buscar la legitimidad y eficacia de su respectiva asamblea dándole un sentido práctico a gastar 2 o 3 horas de tu día encerrado en un salón (y sin coffee break).

Recientemente en una conversación con la DAP, se nos presentó a la REA la necesidad de establecer un canal de comunicación entre esta dirección y la evaluación de los docentes por parte del alumno debido a los problemas en los que puede incurrir la tradicional al no representar bien las críticas del estudiante. Considero esto una buena opción para darle un sentido a las asambleas: informe de todos los profesores. Así, en Letras, por ejemplo, se puede poner a trabajar delegados de horario y numerarios con la MD y el fiscal encargándose de la supervisión y de las fechas límites para los informes. Las razones y los mecanismos existen, solo falta aplicarlos a la realidad.

Propongo un cambio de formas, propongo llenar ese vacío burocrático que ya comienza a aburrir con temas que sean realmente interesantes para el alumno. Que lo lleven a querer meterse más por la vida universitaria y sumarlo a ser un agente de cambio. No nos quedemos en la vieja política de panfleto y marchas. No nos quedemos en la política actual de cachimbadas y votos en masa sin cerebro. Estemos a la vanguardia en coherencia con la búsqueda de una unión estudiantil de verdad, siempre con el espíritu crítico y tenaz característico de la izquierda. Innovemos.

*Créditos a Luis Bordo por la “pasteleada”

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