Los nuevos políticos


por David Pimentel

Durante estos casi dos años que llevo en la universidad y al ver pasar por mis narices tanta gente que forma parte del espectro político universitario  y al ser yo, de alguna manera y sin duda, parte de este mundo que cada vez va cobrando más adeptos; siempre me queda rebotando una duda que mira de reojo hacia el futuro: ¿Cómo deben ser, o como deben formarse los nuevos políticos?
Esta nueva generación que comparte el campus conmigo será la que finalmente en algún momento llegue a tener altos cargos estatales o de una tremenda influencia social por lo que, su formación influirá mucho en cómo se tomarán las decisiones en el país. Es esta formación la que me preocupa, o el uso que las nuevas generaciones hacen de ella, pues sigo viendo cómo se van generando pequeñas maquinas doctrinarias, personas que tienen planteado un discurso antes de haber pasado un tiempo de observación previo. Se está repitiendo la historia y los políticos nuevos quieren copiar y tener las mismas mañas que los viejos, sin embargo constantemente están rebelándose frente a la tradición. El  juego de egos es terrible dentro de la escena política, y es alimentada por los cargos y el prestigio que pueden tener o los beneficios que pueden traer (el comienzo de la corrupción). Cuando ser político no conlleve poder alguno será el día que empezarán a verse las caras sinceras. Las buenas intenciones existen, pero creo que siempre han existido.

Mi generación de políticos está empezando lastimosamente a parecerse mucho a las que la anteceden, gente que sabe dar respuestas muy elaboradas y con bastante palabra rebuscada para decir lo mismo, discursos ya muy manoseados que dichos con nuevas palabras y nuevas jergas se refrescan cada generación pero no cambian. La creatividad se ha dejado de lado, la rebeldía juvenil se usa del cuerpo hacia afuera cuando podría usarse del cuerpo hacia adentro.  Los discursos se hacen cada vez menos digeribles para las personas comunes y esto va alejando a personas valiosas. Los momentos de contiendas electorales acercan a las masas no porque estén en cuestión voluntades políticas, sino porque como toda contienda donde hay bandos, la rivalidad genera expectativa. Los políticos de ahora no hacen nada para que sus acciones sean atractivas y se pierden cuestionando pensamientos arcaicos.
Frente a esto, y desde esta libre tribuna quiero poner en cuestión a las generaciones políticas que se están incubando y de alguna manera reflexionar sobre qué clase de políticos y personas buscamos e intentamos formar.
En el curso de dibujo nos dicen que observemos. Observando y observando bien podemos describir lo que nuestros ojos ven. Sólo así podremos tener buenos trabajos, no podemos anticiparnos a la realidad pues ésta es más rápida y ha estado aquí antes que nosotros. Cada vez el ojo se va puliendo para describir mejor las imágenes que llegan a nuestros cerebros.  Dibujar es un ejercicio que toma tiempo. De la misma forma, un político debe tener esta sensibilidad para poder tener un panorama exacto de la realidad, de dónde está parado respecto a lo que está viendo, de qué tan lejos se encuentran las cosas, el tamaño de los personajes que va a observar y su relación con los demás objetos que forman parte de la escena. Debe por un momento ser un ilustrador de lo que sucede. Si no cumplen con este requisito se vuelven tan inefectivos como quien intenta dibujar una casa, sin antes haberla visto.

Los nuevos políticos deben ser sensibles, personas con bastantes capacidades que se afiancen en un temperamento de líder. Los nuevos políticos no sólo deben estar preparados para dar respuestas sobre historia o teoría política, deben haber vivido bastante, deben conocer cómo se siente, deben haber estado en el lugar de alguien. No pueden vivir cerrados bajo un sesgo ideológico, pues el mundo lastimosamente no vive separado. El político que se busca puede controlar su ego y su furia, debe saber escuchar toda clase de música como quien atiende a una persona mientras habla y va descifrando códigos de significado y significante, debe ser creativo, porque las respuestas (y acá va el gran error que veo en la clase política de ahora) no están dadas, se necesita de creadores de ideas, no de gente que repite un discurso que está sobre la mesa desde hace años. Un político debe ser una persona sencilla por que en un cuerpo complicado es difícil almacenar toda la información que tiene que procesar sin alterar su contenido con juicios de valor. Un político de los nuevos no puede poner a la política por sobre sus otras actividades porque la política como tal no existe, son las diferentes actividades que hacemos y cómo las hacemos las que generan una verdadera vida política.
Los nuevos políticos deben estar enamorados del mundo como para intentar ordenarlo, y para estar enamorados del mundo hay que empezar por observarlo.

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