Algunas ideas en torno a la democracia


Pocas ideas poseen en nuestro tiempo mayor relevancia que el que contiene la palabra “democracia”, su sola existencia ha sido el motivo de infinidad de tratados políticos, legales y sociales; puede utilizarse para movilizar poblaciones enteras, instaurar y derrocar gobernantes, puede legitimizar decisiones económicas y políticas, puede mantener naciones en pie de guerra o llamarlas a la paz. Incluso si cualquiera de estas posibilidades resultase demasiado grande o ajena a muchas personas, “democracia” es una idea que puede también afectar áreas mucho más personales, la carrera que elijamos, la vida que llevamos; todo ello, en tanto nos reconocemos ciudadanos, se encuentra dentro del campo de influencia de la democracia. Sin embargo, y pese a lo presente que dicha idea se encuentra en nuestras vidas, “democracia” es un término que no siempre resulta fácil de rastrear o definir.

En cuanto al origen de nuestras democracias:

El primer error cuando se piensa en una idea de la democracia es suponer que su concepto es, en efecto, tan antiguo como aparentan sus raíces griegas. La democracia moderna nace mucho después, con el proceso de revoluciones transatlánticas que se vivió durante fines del siglo XVIII y principios del XIX, dentro del cual tendría lugar la emancipación de los Estados Unidos, la Revolución Francesa y el resto de rebeliones que tendrían como consecuencia el desmoronamiento del otrora todopoderoso Imperio Español en el continente americano.

Sin embargo; resulta de sumo interés para comprender qué elementos alimentan el espíritu de la democracia, reflexionar acerca de la transformación de la manera en que el hombre occidental ordena su civilización. Desde luego, detenernos en un análisis minucioso y totalizador de la historia de las civilizaciones sería un esfuerzo extenuante y seguramente también desmotivador. Es por ello que hemos de remitirnos para este propósito al pensamiento de Alexis de Tocqueville.

Las reflexiones de este autor son interesantes para el tema pues se trata de la perspectiva de quien escribe desde el interior de la coyuntura; había presenciado el rápido proceso de cambios que afectaba a occidente y ciertamente lamentaba que un suceso tan violento como la Revolución Francesa hubiese tenido lugar. Dentro de su comprensión, Tocqueville no percibía este ciclo de revoluciones como una ruptura, sino como una brusca aceleración de un proceso constante y natural de acercamiento de los polos sociales que existía en Europa desde la época de los Señores Feudales. Para él, este proceso se había visto favorecido a lo largo del tiempo por una serie de factores, dentro de los cuales los más significativos eran la Iglesia, cuya filosofía de piedad se constituyese como uno de los elementos igualadores de la sociedad; la posterior aparición del dinero, el cual constituía un elemento de poder que, a diferencia de la sangre noble o la tradición, no permanecía en los linajes familiares, sino que poseía una capacidad de circulación; el deseo del los reyes de elevar el nivel cultural del pueblo con el fin de disminuir la influencia de la aristocracia, otorgándole de esta manera a las clases inferiores un medio para lograr su propia superación; y, recientemente, el progreso tecnológico, que eliminaba, entre otras cosas, la relevancia militar de los nobles y sus armaduras por la fuerza de las balas, que lo mismo daban si eran disparadas por campesinos o gentilhombres.

En síntesis, es este deseo por alcanzar la igualdad, presente en el hombre desde tiempos antiguos, sumado al más reciente deseo de libertad originado en las ideas de la ilustración, lo que provoca el incremento en la vertiginosidad de los cambios de las civilizaciones occidentales a puertas del siglo XIX. Para Tocqueville, había dos destinos posibles frente a aquella imparable cadena de sucesos, el primero era el que encarnaba la Revolución Francesa, un panorama donde las ideologías que los intelectuales, excluidos de las tareas administrativas de Estado por un régimen absolutista, se habían intentado imponer a rajatabla, tratando de someter el mundo real al de sus ideas ilustradas, lo que tuvo como consecuencia un periodo de Terror y un caos desbocado que culminó en la pérdida de las libertades por las que supuestamente se luchaba; la alternativa, era Estados Unidos, la democracia ideal según Tocqueville, en la que se había logrado que los ideales de libertad y de igualdad de sus ciudadanos prosperasen en gran medida gracias a la ausencia de una fuerte tradición realista como la francesa que generase algún movimiento reaccionario. De todo lo anterior se deduce que, dentro del espíritu democrático, son dos los principios que deben de brillar siempre: el de la libertad y el de la igualdad; libertad sin reconocernos como individuos iguales en dignidad caer en la anarquía de quien no respeta los derechos ajenos, igualdad sin reconocimiento del deseo de libertad de todo individuo es tiranía.

*Se utiliza la palabra de “igualdad” dentro del contexto de las ideas de Tocqueville, es decir como una igualdad política y civil, donde todo ciudadano es sujeto de las mismas leyes y su manifestación política (voto) posee el mismo valor. El “rostro social” de la igualdad aparece excluido en estas líneas.

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