Orgullo Nacional


Orgullo nacional


El Perú y su historia, están llenos de episodios de júbilo y de tristeza, de momentos que despiertan el oprobio en nuestros corazones y memoria, así como instantes que hacen a uno sonreír orgulloso de poder identificarse a sí mismo como peruano. Hoy, 8 de octubre, nos toca rememorar un episodio de orgullo pues se cumple un año más desde la que fuera la consagración de quien es con seguridad el máximo héroe de nuestra patria, el Almirante Miguel Grau.

Miguel Grau, héroe de la marina del Perú, estuvo al frente de la defensa del litoral peruano durante lo que fuera la primera fase de la infausta guerra contra Chile, la campaña marítima. Durante meses comandó valerosamente la nave, que había tenido que ser re-artillada para cumplir con el deber patrio. Incansable en su campaña, causó muchos desaires y contratiempos a un agresor extranjero confiado en la superioridad de sus armas para disimular la cobardía de su ataque; comprando con su esfuerzo valioso tiempo para el Perú en la campaña terrestre que se avecinaba.


El esfuerzo de Grau no fue en vano; durante los meses que siguieron al inicio de las hostilidades, consiguió para el Perú la atención de países extranjeros y escribió uno de los episodios más gloriosos de la historia de la marina tanto en el Perú como en el exterior en lo que se ha llamado las famosas “correrías del Huáscar”. Desgraciadamente, sus peticiones urgentes para armar a su monitor con artillería más moderna, que pudieron haberle dado una oportunidad de medirse con los poderosos blindados chilenos, no pudieron ser atendidas y el Huáscar seguiría en sus operaciones evitando a toda costa al Cochrane y Blanco Encalada.

Aquella mañana del 8 de octubre de 1879, a meses de iniciada la campaña marítima; tristemente, las correrías que habían cubierto al Huáscar y a su Almirante, Miguel Grau, de una aureola de invencibilidad que consiguió que los peruanos de aquél entonces abrigaran la ilusión de librar el mal paso de la guerra con una imagen favorable en el exterior y sin atravesar penalidades mayores, llegarían a su fin.

El enemigo, herido en su orgullo y decidido a detener a la nave insignia peruana, que se había convertido, más que en un peligro bélico, en un estandarte para la moral de nuestra nación, salió a darle caza al monitor tendiéndole una trampa. La Unión y el Huáscar, que llegaban de Antofagasta, al divisar en la oscuridad de la madrugada el humo que era evidencia de navíos chilenos en el área, se dirigió hacia el este para huir luego rumbo al norte, como era costumbre. Sin embargo, en su camino al norte se encontraban cerrándole el paso otras tres embarcaciones enemigas, el Cochrane, el O’Higgins y el Loa, con quienes se encontraría ya en horas de la mañana.

La suerte estaba echada, conciente de que no podría rehuir el combate, el Almirante Miguel Grau honró aquella promesa que hiciera de que “a pesar de todo, el Huáscar, si llegase el caso, cumpliría con su deber, aún cuando tuviera la seguridad de su sacrificio”. Fue un combate arduo en el que el Almirante entregó la vida y le sucedieron otros comandantes en el mando para continuar el enfrentamiento hasta que, no habiendo nada más que hacer, el Teniente Pedro Garezón, último comandante del Huáscar, ordenó que se abrieran las válvulas y se dejase hundir el barco; operación interrumpida con la captura del navío por las fuerzas chilenas.

El legado de Miguel Grau es mucho más que aquella batalla perdida, es más que los meses que compró para el Perú en 1879 gracias a una campaña brillante. Su legado, más allá del brillo de los uniformes militares, es el haber personificado la figura ejemplar de un peruano, que supo comportarse a la altura de un caballero aún al calor de la batalla, es el haber defendido con valor la patria hasta el punto de entregarle la vida. Tanto en su vida como al momento de su muerte, la suya es una historia de heroísmo e inspiración que alentó a muchos peruanos en la defensa de lo nuestro y que aún hoy es capaz de inspirar a quien tenga el deseo de escucharla.

Reza el dicho, casi siempre con razón, que la pluma es más poderosa que la espada. Sin embargo, en esta ocasión prefiero rendirle homenaje a un hombre que más bien se encontraría en el lado de la espada; que defendió al Perú y dio todo por él, que no abandonó su patria cuando podría haber renegado de ella en los momentos en que no se le dio el apoyo que hubiese sido necesario para plantar cara al terrible invasor. ¿Podríamos decir todos que somos capaces de hacer todo eso? Desde luego que no, no habría razón para hacerlo; y es precisamente por ello por lo que Miguel Grau es un héroe, y es también ese el motivo por el cual tengo la firme convicción de que él sí es un verdadero peruano del cual podemos y debemos sentirnos orgullosos.

Autor: Daniel Velazco

Una respuesta a “Orgullo Nacional

  1. Realmente Daniel, Miguel Grau es el máximo héroe de nuestra patria. Un post se queda corto para homenajear a tan gran persona, pero lograste hacernos sentir un poco más peruanos, y recordarnos que este dia no es solo un día libre. Este día es de Miguel Grau

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s