LA RECONCILIACIÓN PENDIENTE


Muchos de los que hoy ocupamos aulas universitarias hemos nacido en la década de los ochentas y, tal vez, por ello, guardamos recuerdos del conflicto interno que sacudió al país por aquellos años y los que le siguieron. Algunos con imágenes más claras que otros, pero recuerdos al fin. Debo admitir que las memorias más impactantes que guardo conmigo son las del Atentado a Tarata y la toma de la Embajada Japonesa. En ese momento, yo bordeaba los diez años de edad; no entendía a cabalidad por qué se iba la luz de un momento a otro o por qué mi padre, que era miembro de las Fuerzas Armadas, dejó de usar el uniforme para salir a la calle. Trataba de buscar, infantilmente, un motivo que respondiera a mis dudas sobre lo que acontecía en nuestro país. Ahora, pasados los años, puedo decir que todo ello fue causado por nuestra incapacidad de reconocer la existencia de una realidad opuesta a la costeña en nuestro mismo territorio. Eso, sumado al sentimiento de abandono de los miembros de aquella realidad negada, se convirtió una bomba de tiempo que irreversiblemente explotó.

Ha pasado mucho tiempo desde aquellas divagaciones de infancia. Se ha dicho demasiado sobre el tema e, incluso, se ha intentado la reconciliación de nuestra sociedad, pero las heridas de muchas personas que se vieron afectadas directamente por el conflicto siguen y, probablemente, seguirán abiertas. Actualmente, no es usual ver titulares sobre coches bombas, asesinatos selectivos, desapariciones de estudiantes, etc. Sin embargo, luego de ver el vergonzoso debate que organizó nuestra Federación por la Plaza de la Memoria, pienso si realmente hemos aprendido de esa lamentable experiencia y me pregunto qué es lo que hacemos directamente para evitar que ello vuelva a suceder.

Los presentes en el mencionado acto pudimos ver una desorganización imperante: demoras de los miembros de la FEPUC, cambios en el programa, un moderador pintado, saludos a los familiares y amigos de parte de algún panelista (como si se tratara de una show personal), la desviación temática de algunos otros, la presencia de un invitado que tan solo buscó polarizar el debate y demás sucesos que sugieren lo imprevisto y tendencioso del acto. La poca importancia dada a este debate revela nuestra inmadurez al tratar temas de tanta relevancia para nuestro país. Y digo ‘nuestra inmadurez’ porque para enfrentar y superar vivencias colectivas como las mencionadas se requiere la participación de todos los segmentos de la sociedad sin distinción alguna.

El debate debió ser una muestra de nuestra capacidad para conciliar nuestras posturas. Creo que la intención no era debatir si Javier Heraud debería de figurar en la relación de estudiantes desaparecidos ni terminar en un intercambio de adjetivos de parte del señor Malca hacia los demás invitados, ya que estos son hechos que no venían al caso. En cambio, se debió debatir si la Plaza de la Memoria es un homenaje o un formalismo (como se promocionó en los afiches). Hubiera sido mucho más provechoso plantearse la posibilidad de considerarla como un espacio de reflexión y los alcances que ello implicaría.

Para poder tener un debate y llegar a una conclusión que nos ayude a superar el tema en cuestión, faltó la buena disposición de todos los asistentes, incluyendo el organizador. La FEPUC, en esta ocasión, creyó oportuno incluir al señor Luis Malca Caballero en la mesa de panelistas, pero ¿cuáles fueron los criterios por los que se le invitó? Nadie lo sabe y, en mi humilde opinión, el haber escrito un artículo en Punto Edu no le da autoridad académica alguna para haber estado en el cierre de dicho evento. Luis Malca Caballero, a mi parecer, fue llevado única y exclusivamente para ridiculizar las posturas distintas a las del grupo ideológico que UNES representa.

El estudiante Luis Malca, quien aseguró ser invitado (escuchen el audio y confronten con la respuesta de la FEPUC[1]), minimizó las conclusiones de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (CVR) y dijo que nuestra memoria se refiere a una verdad parcializada. Señaló, explícitamente, que nuestra memoria solo evoca a los miembros caídos de los grupos subversivos (refiriéndose claramente a lo que él denominó como izquierda reaccionaria), mas la CVR no niega la cruel violencia cometida por los senderistas y emerretistas, incluso los señala como uno de los principales provocadores de muertes durante el desarrollo del conflicto. Tal vez el señor Malca le hubiera gustado unas conclusiones más cercanas a su visión personal de los hechos que, a todas luces, es el solapamiento del excesivo uso de la fuerza de parte del Estado (directamente de los militares).

Asimismo, se escuchó la triste intervención de uno de los asistentes, desconozco su nombre, que decía de manera tozuda que los subversivos buscaron la violación de los Derechos Humanos, el genocidio y la implantación del terror. Sin embargo, no reconoció que bajo su misma lógica el Estado también se convierte en un terrorista más cuando traemos a colación actos como los de Putis, El Frontón, Barrios Altos, La Cantuta, etc. ¿O es que el imperio del orden y la ley, que tanto aludieron este señor y el señor Malca, no contempla la garantía del respeto de nuestros derechos al margen de nuestras convicciones? Además, cometió el exabrupto de comparar el terrorismo islámico con el de los grupos subversivos que existieron en nuestro país: una muestra de la ausencia de capacidad de análisis de las realidades.

Finalmente, debo decir que, en mi opinión, un lugar para la memoria es necesario y debería ser considerado no como un homenaje sino un punto de reflexión de lo que sucedió. Un espacio que no lleve nombres específicos, ya que los afectados del conflicto fuimos todos y las victimas deben ser recordadas al margen de si fueron subversivas, de las fuerzas del orden o inocentes civiles. En este conflicto cada uno de los afectados se cree como  predicadora de una verdad única y es que dentro de su testimonio guardan cierta razón, pero no podemos seguir pensando en la superación de un conflicto que nos haga ver claramente que las balas, vengan de donde sea, no son un mecanismo para avanzar conjuntamente si tenemos argumentos tendenciosos y beligerantes en lo que debió ser una Mesa de Debate. Lo sucedido en la Plaza de la Memoria es una muestra de que la reconciliación y superación del conflicto es aun una tarea pendiente; asimismo, quedó demostrada la incapacidad de la actual Meda Directiva de la FEPUC para estimular a los ciudadanos a la crítica social desde las aulas.

2 Respuestas a “LA RECONCILIACIÓN PENDIENTE

  1. El bukowski de la habana.

    Dentro de los errores gramaticales y aburridísima ceremonialidad del discurso, trato de entender. Y no lo logro. Cual es tu mensaje? Muchachos, en general, con exepción de Lion Chinasky, que es comiquísimo y que no sé qué hace contaminando su aire, utilizen sus frescas memorias para algo más que jugar a los politiquillos y a los cuentistas. Saben Uds, señores vanguardistas de pelo en pecho, a donde llegar?

  2. Pingback: chao,fepuc (unes-ppc), chao. -a propósito de un post md 2009- « VANGUARDIA Universitaria

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