La Escena


Disclaimer: Lion Chinaski grita a los cuatro vientes que él no pertenece al grupo Vanguardia Universitaria. Gracias ;-)

D y M van a comprar duct tape en una ferretería. Caminan con paso ligero, pero sin apurarse demasiado. Dos días después del año nuevo y todavía parece un día festivo.
– El otro día estaba viendo Forrest Gump en la tele- dice D.
– ¿Ah, sí?- dice M en tono neutro.
– Sí. ¿Qué te parece esa pela?
– Es buena, es buena.
– Es de mis favoritas. Hay una escena en particular de Forrest Gump…
– ¿Cuál?- pregunta M, y se enciende un cigarrillo.
– Una en los 70’s, esa en que Jenny está en un cuarto con uno de los tantos tipos que le pegaban, uno que acaba de meterse heroína y ella está sentada al borde de la cama, dándole la espalda.
D y M se detienen en la puerta de la ferretería. M tira al piso su cigarrillo de forma automática y mira a D detenidamente.
– ¿Cuál es Jenny?
– Huevón, la chica que le gusta a Forrest.
– Ah, la rubia.
– Sí, esa. Bueno, estaba hablándote de esta escena. Creo que es una de las escenas más deprimentes en la historia del cine.
Ambos entran en la tienda y se acercan al mostrador. El tipo que atiende tiene ojeras profundas y orejas grandes. Se le ve cansado y resacoso. Ha estado viviéndola con su sueldo mínimo.
– Buenas, un rollo de duct tape.
– Buenas- dice el encargado tardíamente. Se da media vuelta y busca el duct tape. M vuelve a mirar a D.
– ¿Esa no es la escena en que suena el solo de Free Bird?
D saca el dinero de la billetera sin mirar a M.
– Sí, antes de balancearse en el balcón- responde contando los billetes. M ríe socarronamente. D se siente desconcertado, va a decir algo pero entonces el encargado aparece con la cinta. Le entrega un billete de 10 soles. El encargado mira bien el billete, saca unas cuantas monedas de la caja y se las entrega a D.
– Gracias- dicen D y M al mismo tiempo. Se dan media vuelta y salen de la ferretería con el duct tape.
– ¿De qué te reías?- interroga D a M mientras caminan.
– ¿Te parece que la escena en que suena el solo de Free Bird es una de las escenas más deprimentes de la historia del cine?
– Sí.
M vuelve a reír. D sonríe.
– ¿Qué tiene?
– Huevón, ninguna escena que tenga de fondo el solo de guitarra de Free Bird puede ser deprimente. Es sencillamente imposible.
– ¿Por qué?
– Carajo, has escuchado el solo. Es frenético. Es frenético y energizante, esos no son atributos de la depresión.
D y M doblan a una calle aún más desolada.
– Mierda, ¿me estas diciendo que por una canción de fondo la escena pierde toda su carga emocional?- dice D entonces.
– ¿Qué carga emocional?
– Carajo, la escena es terrible, deprime. El primer plano de la espalda desnuda y más blanca que un nabo, los drogadictos tirados alrededor. Luego la cara de Jenny, como la de un autómata, un bicho andrógino, ojeroso, triste.
– Ajá.
M saca un alambre sumamente delgado de uno de los bolsillos de sus pantalones. Ambos se detienen frente a un automóvil viejo en la intersección de dos calles, un Chevrolet azul, de finales de los 80. Con disimulo, M introduce el alambre en la ranura de la llave.
– Parece una estatua de cera o un hombre realmente destrozado- prosigue D -. Y no es un hombre, carajo, es Jenny, uno ve ese rostro y se dice, “¡ese no es un hombre, es Jenny, la niñita, la amiga de Forrest!”
– Carajo, ¿quieres callarte un rato?
– Ah, sí, sorry.
– Bien…
M hace lo suyo. Abre la puerta del auto y sube. Luego le abre la puerta de al lado a D, que hace lo propio. D le pide un cigarrillo a M, y este le pasa la caja sin siquiera mirarlo. Está concentrado en sacar la caja de abajo del timón y empezar a jugar de manera precisa con los cables.
– Te encanta jugar con los cables- dice D encendiendo un cigarrillo.
– Me encanta jugar con tu vieja- responde M con voz cansina.
D ríe.
– Hijo de puta- responde.
Entonces el motor ruge. Ruge despacio y vuelve a rugir. Está encendiendo.
– Ya está- dice M, y el motor termina de encender.
– Bien- dice D.
– Dame mis cigarros.
D le pasa la caja a M, quien toma un cigarrillo y lo enciende. Se guarda la caja con el encendedor adentro y acelera. A lo lejos, pueden oir los gritos del dueño del vehículo, que sin duda ya ha sido alertado por los vecinos.
D y M se han alejado de la zona. Ahora se encuentran en un barrio mucho más limpio y ordenado y el auto se mueve rápidamente en las calles deshabitadas. Deben llegar en tan solo unos minutos al distrito de Miraflores.
– ¿Qué decías?- dice M con una mano fija sobre el volante. La otra está fuera de la ventana, soltando un cigarrillo antes de encender uno nuevo.
D se ríe, sorprendido de que fuese M quien retomase el tema.
– Decía que le quitas toda la importancia a la carga emocional de la escena, a lo visual, a lo estético. Una canción no puede imponerse a imágenes de la decadencia del ser humano, menos aún un solo de guitarra.
– He visto videos de las gemelas de Tres por Tres con solos de guitarra de bandas de black metal de fondo. Creeme que pierden cierta ternura.
– Estas hablando mierda y lo sabes, no es lo mismo. ¿Si te pongo el solo de Freebird como fondo de un corto sobre el Holocausto, las escenas serán pura alegría?
– No- responde M -. Parecerá que estas ensalzando el Holocausto, como si los judíos fueran unos monstruitos y Hitler Duke Nuken.
– Exacto. ¿Y acaso eso no es deprimente? Ver una escena así con ese solo de fondo ensalzando la decadencia humana sería ciertamente deprimente.
M detiene el auto. A partir de ahí, él y D deben caminar. Bajan y eso es lo que hacen: caminar.
– Huevón, ese solo está ahí para acentuar el vértigo de la caminata sobre el balcón.
– Por eso mismo deberías separar la escena de la espalda de Jenny de la canción de fondo.
M niega con la cabeza.
– Es imposible.
– ¡Puta madre!
Se detienen frente a una casa bastante grande en una transversal. Amurallada como un banco, sin ventanas, con un intercomunicador y una puerta y un portón macizos.
– Ya, listo, estamos aquí. Carlos Artaud, 411.
– ¿Crees que nos esté esperando?- pregunta D.
– No, ni cagando.
– Bien. Si está sólo, él nos abrirá la puerta.
– Tiene cámaras.
– Eso lo solucionamos adentro.
D llama a la puerta. Ambos hombres esperan con los brazos cruzados. Entonces se oye una voz en el intercomunicador. Es áspera, seria y cansina.
– ¿Sí?
– Buenas tardes- dice D -. ¿El señor Norberto Izaguirre?
– Sí, dígame.
– Correspondencia de Ketifarma S.A.C.
Se hace un momento de silencio. M mira su reloj.
– Déjelo debajo de la puerta- dice Izaguirre entonces.
– Debe firmar unos papeles- insiste D.
Otra pausa breve.
– Ya salgo.
– Mejor nos preparamos- dice D.
– No, aún no- responde M -. Aguanta un toque. Ya, ahora sí.
D saca el duct tape de uno de los bolsillos de su chaqueta, M carga su arma. Se abre ligeramente la puerta y M la introduce por la ranura. Izaguirre es un hombre calvo y gordo.
– Hola señor Izaguirre- dice M -. Ábranos paso.
Izaguirre quiere gritar pero D empuja la puerta y le da en la cara. M y él entran y cierran la puerta detrás de ellos. En una hora están afuera de nuevo y llevan puestas camisetas bastante ajustadas para sus tallas. Son las camisetas de los jóvenes Izaguirre, fuera de la ciudad por las fiestas. D, además, lleva un maletín deportivo colgado al hombro.
– Mira, Forrest Gump es una buena película- dice M mientras se alejan de la casa con las manos en los bolsillos -. Pero esa escena no es particularmente memorable.
– No la has visto con suficiente atención- responde D.
– Carajo, ¿cómo que no? Es Forrest Gump, todo el mundo la ha visto al menos un par de veces.
– Tú ni siquiera sabías quién era Jenny.
– Caca. Caca de perro, negra y suavecita. ¡Es una escena sin mayor importancia en la historia del cine!
D detiene un taxi.
– Brother, ¿a cuanto la carrera hasta el Museo de Oro?- pregunta al conductor.
M se muerde el labio inferior. El taxista pone una expresión inexpresiva en su rostro.
– ¿El Museo de Oro? Hmmm… eso es pasando el Puente Primavera, ¿no?- pregunta.
– Sí- responde M impaciente.
– Hmmm, 10 soles.
D se ríe.
– No, no, brother. Las fiestas ya terminaron.
– Pero pucha, amigo, es lejos- dice el taxista.
D y M se miran. El taxista los mira. Ellos lo miran a él.
– A mí normalmente me llevan por 7 desde aquí- dice D finalmente.
– ¿7? No, no, no se pase pues amigo. 8 si quiere.
D sonríe.
– 8.
Él y M se suben al taxi y este arranca sin mayor demora. D habla un rato con el taxista sobre las fiestas y lo peligroso de andar en taxi por la ciudad en vísperas de año nuevo. Pero desde el año nuevo han pasado dos días. M abre la ventana y luego enciende un cigarrillo.
– Invítame uno- le pide D entonces.
M le da una mirada inquisitva, pero termina por pasarle la caja. D no tarda en abrirla y encender otro cigarrillo.
– No voy a volver a hablar de películas contigo- dice entonces, echando por la ventana una bocanada de humo.
– ¿Ah? ¿Por qué no?
– No sabes nada de cine.
– ¡Puta madre! Jódete.
El taxi se adentra en la Avenida Angamos. D y M no vuelven a hablar en el resto del trayecto.

Una respuesta a “La Escena

  1. buen texto!
    me gusta mucho como juegas con los diálogos.

    bastante bueno.

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