ESPERANDO EL DIA EN EL QUE NUESTROS CANDIDATOS HAGAN ‘CLICK’ CON LA REALIDAD


En la actualidad es de conocimiento público lo descontentos que nos tiene nuestro sistema político por ineficiente, corrupto y, principalmente, por la mentalidad cortoplacista que existe en esos sujetos que son considerados nuestros representantes. En parte, este fenómeno encuentra su explicación en la búsqueda de un rédito personal que les permita a esos ciudadanos (si les cabe esta calificación) tener una existencia segura en la arena electoral a través de la resolución de problemas coyunturales y, a veces, ni siquiera eso y se dejan guiar por la tan conocida estrategia de pan y circo para el pueblo.

La universidad, espacio donde se forman los futuros líderes de esta nación, no es ajena a este problema. Y es que en parte su naturaleza la obliga a verse involucrada de alguna manera en esta realidad, ya que es en su seno donde los problemas sociales se reflejan para ser estudiados, debatidos y solucionados. Es a través de la producción de nuevo conocimiento, que ocurre dentro de ella y que portan sus egresados, que el país se desarrolla.

 En nuestra PUCP acaba de llevarse a cabo un proceso electoral para elegir a las autoridades estudiantiles ante los Consejos de Facultad y la Asamblea Universitaria. ¡Qué saludable hubiera sido para la comunidad universitaria y la sociedad ver candidatos conscientes de la responsabilidad que tienen como estudiantes universitarios, que hayan interiorizado la relevancia de hacer, como los estudiantes franceses de Mayo del 68, una crítica a la universidad para conseguir que la universidad sea crítica a la realidad!

Yo creo que han dejado en el baúl de los recuerdos el ímpetu y los valores que llevaron a los estudiantes de latinoamericanos a organizar la Reforma de Córdoba. Esa sensatez que nos obliga a pensar que el universitario no es aquel que se queda con lo enseñado en las aulas sino que, como dice correctamente el maestro Henry Pease, sabe involucrarse en todos las ámbitos que la vida universitaria conlleva.

He visto pasar unas elecciones que puedo catalogar de ser un concurso de popularidad, un proceso en el cual se cayó en un demagogia asqueante y exasperante por la que se le ofreció al alumno, por ejemplo, la construcción de un salón social o la obtención de descuentos en Plaza San Miguel. Tal vez esta persona tome a la universidad como una simple extensión empresarial de dicho centro comercial. Y, peor aún, es darse de golpe con la cruda realidad de que ese alumno ocupará un puesto en la Asamblea Universitaria por un respaldo mayor a los 1300 votos. Vi también con mucha decepción candidatos que no tenían propuestas, o que bien ofrecían algún proyecto que ya ha sido planificado o gestionado en la universidad como es el caso del aumento de materiales para préstamo en la biblioteca.

¿Dónde quedó el sentimiento inconformista que tenemos los estudiantes cuando nos preguntamos qué hace la universidad con todo el dinero que gana por conceptos  ajenos a las pensiones de los alumnos? ¿Por qué no se plantea una reforma interna de los mismos órganos de representación estudiantil que los haga mucho más operantes y eficientes, o incluso un cambio en el sistema de admisión que solo está enfocado en conseguir más clientes, en vez de ser un proceso de selección de universitarios? En estos días veo afiches de nuestra federación en los cuales convocan a un concurso de ensayos sobre qué hacer frente a las universidades empresa, y me atrevo a decir que los candidatos indiferentes al establecimiento de cursos ‘de nivelación’ en Estudios Generales, que no resuelven de fondo las deficiencias cualitativas de nuestra educación básica y que a vivas luces es un intento de conseguir más dinero en pensiones por cursos no que cuentan en la contabilización de créditos, marcan su concordancia con una mercantilización educativa que no trae nada de bueno a esos estudiantes ni a la sociedad entera.

Vamos camino al centenario y observo una Católica que va dejando de lado incluso parte de su inspiración cristiana y poco hace por repensar una sociedad que cada día se deja llevar por un materialismo y consumismo individualista. Es ahí donde deberían sentarse las propuestas de los candidatos: en cómo volver nuestra casa de estudios una institución fuerte no en el mercado sino en la sociedad, siguiendo la lógica de su reforma interior para lograr tal objetivo.

Oscar Escalante

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