Fosa común


Disclaimer: Lion Chinaski no pertenece a la Vanguardia. Gracias (:

Todos lo habíamos matado. A palazos ahí mismo y sin recato. Fiambre. Il avait finit. Sin más, ahí estaba, todo retorcido y morado con manchas rojas. Y ahora nos tocaba cavar. Pero lo tonto es que nadie quería cavar. Nunca entenderé cómo puede haber gente tan idiota. No tienen problema en matar a un compañero a sangre fría pero no se atreven a hacer un hueco y enterrarlo. Eso se llama tener falta de tino, ser imbécil, amanerado y precoz. Por último era ser imprudente y anormal. Y es que los vestigios arcillosos de moralidad y arrepentimiento se manifiestan de maneras cojudas. Y yo no estaba para cojudeces.
– Alguien va a tener que empezar a cavar- dije. Y todos siguieron sin decir nada. Encendí un cigarrillo.
– Quizás si lo quemáramos todo sería más simple- dijo el negro Jarra entonces. Yo me reí.
– Cómo les gusta complicar las cosas, pedazos de mierda.
– Mierda tu madre, Payaso- dijo el Panetón, el más grande, el más bruto.
Así me decían, Payaso. Juano el Crupier. Me volví a reír.
– ¿Y qué quieren hacer, dejarlo aquí tirado?
– ¡Estamos hablando de Marlon! ¿Vamos a enterrarlo, a dejarlo para que se lo coman los gusanos?- exclamó. Silencio de nuevo. Me exasperaba, me carcomía las comisuras de los labios.
– ¿Se dan cuenta de lo que pasa? Nadie quiere echarle tierra encima a un pedazo de carne, lo matamos hace ya quince minutos. Y si vuelves a gritar, bruto de mierda, a ti también te parto la crisma, te rompo la cara, te arranco los putos meniscos.
– ¿Tú solo, somaricón? Aquí te agarramos todos si tratas de hacer alguna cojudez. Al Panetón no le pones un dedo encima.
– No, no, nosotros dos solos. Para quebrarme a este maricón de mierda no los necesito- saltó el Panetón arremangándose la camisa. Yo me reía y me reía.
– ¿Y por qué no cavas tú imbécil? ¿Ah? A ver, cava huevón.
Ese era el Muerto. No el muerto real, pero nuestro querido amigo y compañero el Muerto. El Muerto no tenía huevos de verdad. Si hubiera tenido huevos de verdad hubiera empezado a cavar, el muy animal.
– Porque no me da la gana- respondí, súbitamente serio-. ¿Por qué mierda tendría que esforzarme yo por ustedes, sarta de cojudos?
Entonces alguien me golpeó. El Panetón seguro, el negro Jarra, el Muerto, Púnico, el Persa, Marlon el muerto que se había levantado para pegarme, todos me querían sacar la mierda, romperme la boca, sacarme los ojos. Pero yo tenía la pala, y mordía, sí carajo, les mordía los puños, los cuellos, las caras cartilaginosas, mascándoles la nariz y las orejas. A ver si son tan hombres. Y me reía y me reía, y entonces uno sacó una pistola, el Persa. Y yo no paraba de reírme cuando le pegué en la cara con la pala y saqué mi pistola del saco. Y un balazo, dos tres, fuego, fuego. Y quebrados todos, fiambre, ils avaient mouru. Y yo me seguí riendo un buen rato, aún después de veinte minutos y hasta treinta, rodeado en la oscuridad por todos esos cuerpos quietecitos y en silencio. Y entonces, de repente, dejé de reírme.
– Mierda- dije. No podía entender cómo no lo había pensado antes. Aquello ya no tenía nada de gracioso. La había cagado, ¿qué mierda iba a hacer ahora, Juano Crupier, Payaso? ¿Ahora quién mierda iba a cavar? Aquello había sido una cojudez. Tiré la pala al suelo, molesto, y entre maldiciones salí de allí.

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