Vanguardia Universitaria

2003-2009, keep going!

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gemelos

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Disclaimer: Lion Chinaski no forma parte de la Vanguardia Universitaria, que huele a queso.

Un día me desperté y decidí ir al baño a orinar. Me estuve rascando los huevos en el camino y me di cuenta de que me había salido un grano bastante abultado en el izquierdo.
- Mierda, qué grande- me dije. Cuando llegué al baño estuve tratando de sacarmelo, pero no sirvió de nada. El muy hijo de puta se hinchaba, salía a medias, se hinchaba un poco más y luego volvía a su sitio, algo más blanco y algo más grande, pero sin reventarse jamás del todo. Terminó por importarme un carajo, meé, me la sacudí y enfundé. Me lavé las manos, fui a desayunar y me olvidé de mi grano hasta más tarde ese mismo día, cuando quise hacerme una paja. Era un grano condenadamente grande, no especialmente desagradable pero si grande y podía sentirlo debajo de mis calzoncillos, jodiéndome la pita, balanceándose de un lado para el otro con mi escroto. Era, sin duda, un maldito hijo de puta.
Pasaron los días y las semanas y terminé por acostumbrarme a él. Quiero decir que después de todo, los huevos de uno, o al menos los míos, son bastante rugosos, y un pequeño bultito, por muy sensible que fuera, no significaba para mí el fin del mundo. La vida seguía. Aparecían nuevos modelos de autos, los niños eructaban, a mi mamá le salían nuevas várices, se morían de hambre los niños en el África y de frío en la sierra peruana y yo seguía rascándome los huevos e incluso tirando de tanto en tanto sin tener mayores problemas. Sí, la vida seguía adelante.
En fin, la cosa es que un día estábamos almorzando todos en familia, que de por sí es bastante raro, y nos quedamos después conversando. A la hija de alguna de las señoras con las que mi mamá jugaba a las cartas le habían dicho que iba a tener gemelos y todos parecían tener una opinión al respecto. Mi papá creía que era inconveniente, pero se lo tomaba con humor.
- Mira tú, y a la primera, qué piña, jojojó.
Mi hermano pensaba más o menos igual, pero no perdió oportunidad de vacilar a mi padre.
- Ay enano, claro, es que tú fuiste todo un estratega.
Mi madre se limitó a corregir.
- Bueno, no del todo. Tú sabes como fue con Iñaki.
- Ya me están echando la culpa a mí- dije yo.
Todos se miraron y luego me miraron a mí.
- ¿Qué?- pregunté -. ¿Qué cosa?
Se rieron. Ellos se sabían todos los chistes y la mitad de las veces se los guardaban para ellos. La otra mitad de las veces yo simplemente no los entendía.
- Cuando tú apareciste el médico nos dijo que serían gemelos- dijo mi mamá entonces.
- Ah- dije yo.
- Sí, pero felizmente se equivocó, porque si no la cagada- dijo mi hermano poniendo cara de caballo de mar. Es decir, sonriendo. Todos rieron.
- ¡Eh!
Me reí yo también por inercia.

La primera semana de vacaciones el grano en mi testículo izquierdo se puso realmente grande. Es decir, era grande. Grande, blanco y redondo. Realmente podía sentirlo, con o sin pantalones, estuviera haciendo lo que estuviera haciendo. Había quedado con Maru para ir a verla esa tarde, porque sus padres habían ido de viaje a no se donde y no volvían hasta el día siguiente, pero tuve que llamar a cancelarla. Realmente no me sentía bien dispuesto. Es decir, ¿cómo podría hacerlo con esa cosa ahí? ¿Cómo iba a concentrarme sintiendo sus movimientos acompañando el plaf plaf plaf de las embestidas y el escozor de sus punzadas? No, no iba a ser posible. Mientras ese grano estuviera ahí, yo no podría divertirme. Tenía que hacer algo al respecto.
Entré al baño y cerré la puerta con llave. Desenfundé, levanté la tapa del water y eché una meada. Me la sacudí y acto seguido pasé a tocarme los huevos. Estaban secos, grandes y rugosos, como debía ser, excepto por el pequeño Iñaki asomando en el extremo inferior izquierdo como el cuello de un pavo. Comencé a aplastar con mi índice y mi pulgar.
- Go ahead punk, make my day- dije, y seguí aplastando.
- Fuck. Fuck. Dammit. Carajo. Puta madre, sal… Goddamit, sal. Argh.
Seguí apretando. El puto grano de los cojones no salía por mucho que apretara. Se hinchaba, salía a medias, se hinchaba un poco más y luego volvía a su sitio. Y luego otra vez, y así. Era un puto grano del infierno. Me empecé a desesperar.
- CARAJO. AAAH.
Tuve que recurrir a los pulgares. Apreté. Apreté más fuerte. Realmente no quería salir. Realmente no estaba saliendo. Y entonces lo sentí. Fue como si una serpiente se hubiera abierto paso a través de la capucha de mi escroto a toda velocidad, una serpiente blanca y correosa. El dolor fue de lejos mucho menor que la satisfacción. Dejé escapar un suspiro. Me sentí aliviado, calmo, en paz. Era como si hubiera alcanzado el nirvana tras una vida larga de dolor y sufrimiento. Me recosté contra la pared y cerré los ojos, disfrutando del final. Pero aquello resultó no ser el final.
- Eh, marica de mierda, abre los ojos.
Los abrí. Delante de mí estaba lo que parecía un hombre blanco y como de mi tamaño, en pelotas y sin un solo pelo en el cuerpo. Y cuando digo que era blanco y sin un solo pelo, quiero decir que era blanco y sin un solo pelo de verdad, como la cal y los nabos, o Gasparín. Le miré la cara. Tenía mi nariz, inconfundiblemente.
- ¡Cristo!- exclamé. Traté de sacar el cuchillo de mis pantalones, pero el hombre blanco fue más rápido que yo y me lo quitó-. ¿Quién carajo eres?
- Tu gemelo, sorrosquete.
- Mierda. ¿De donde saliste?
- He estado viviendo en tu huevo izquierdo todo este tiempo. ¿Y sabes qué? Realmente eres un grandísimo hijo de puta.
Yo no lo podía creer. Estaba realmente sorprendido. Traté de decir algo, pero solo me atoré con mi propio aliento y empecé a toser incontrolablemente. Mi gemelo me dio una patada en los huevos.
- AAAH. MIERDA, HIJO DE PUTA.
Él pareció ignorarme.
- No sabes lo que he sufrido, grandísimo cabrón. ¡ME ABSORBISTE CON TUS COCHINOS HUEVOS, MALNACIDO, ME ABSORBISTE CON TUS COCHINOS HUEVOS EN EL VIENTRE DE MI MADRE! ¡FUI UN FETO DENTRO DE UN FETO!
Siguió pateándome, en los huevos, en la cara y en el culo.
- Mierda, aleja tus patas de mí- dije esquivando las últimas -. Jesús, hueles a queso.
Gateé rápidamente y me encerré en la ducha.
- ¿Qué es lo que quieres de mí Aurelio?
Mi gemelo estaba a punto de contestar, pero guardó silencio.
- ¿Aurelio?- preguntó entonces.
- Sí, mierda, así me quería poner mi papá. Deduzco que lo tenían guardado para ti.
- Cristo, es un mal nombre.
- Bueno, puedes llamarte como quieras.
- Claro que me llamaré como quiera, rosquete de mierda.
Aurelio comenzó a hacer gárgaras y escupió lo que pareció una gran bola de semen contra la ducha.
- Aj, asqueroso- dije.
- Asqueroso tú. ¿Crees que no he visto lo que haces? Sé todo sobre ti, malnacido. TODO. He visto lo que haces en las mañanas. Y debo decir que eres un cochino.
- Mierda, lo siento, pero si has estado viviendo estos veinte años en mis testículos, definitivamente puedes entenderlo.
- Cállate. Debería matarte- dijo alzando mi cuchillo y acercándose a la ducha. La aferré con fuerza. Mi gemelo se me quedó mirando con sus ojillos de conjuntivitis -. Pero no lo haré. Eres mi hermano.
- Oh. Mierda, gracias Aure.
- ¡No me digas Aure! Me llamarás Jim Morrison.
- Oh. Mierda, ¿Jim Morrison? ¿Qué pasa contigo? Cristo.
- Calla. Y más te vale que no salgas de ahí, hijo de puta. Llevo toda una vida viviendo en tu sombra y no estoy dispuesto a tolerarlo más. Jajajá.
Se reía con malicia, como todo archienemigo que se respetara.
- Qué, entonces, ¿si salgo me matarás?
- No. Eso sería demasiado amable- Jim Morrison dejó caer mi cuchilla en el wáter.
- ¡Eh, hijo de puta!
Abrí la puerta de la ducha y me lancé sobre él. Jim Morrison se hizo a un lado y caí al suelo, golpeándome la cabeza con el lavatorio.
- Mierda.
- Verás Iñaki, todo este tiempo, cualquier vestigio de actividad sexual que pudieras tener, cualquier buen desempeño que alguna vez hayas tenido, aunque sea mínimamente, no eras tú. Era yo quien estaba tirando por ti, un pequeño grano dándole vigor a un pene que de por sí no vale más que unas petunias. Me he llevado tu mojo. Eres, en buena cuenta, un eunuco. Jajajá. Jajajá. Jajajajá. Ahora, si me disculpas, tengo una cita con tu mujer. Vamos a echarle carbón a este tren.
- Eres muy malo para los chistes. Y te pareces al tipo de la película de The Wall.
- A Maru le gusta Pink Floyd, gay. Probablemente le ponga más que tus lanas.
- Touché.
No supe qué más decir. Entonces Jim Morrison salió del baño y me dejó ahí, tirado en el piso, solo. Solo con mi mente. Solo con un pene fláccido y un escroto herido. Estaba condenado. Había perdido mi mojo. Había perdido todo.

Lo siguiente que supe fue que Jim Morrison se presentó ante mi familia como el hijo que había estado todo este tiempo viviendo en mi huevo izquierdo. No les costó mucho creerle. Mi hermano (el que no era mi gemelo diabólico) nos explicó que era más que probablemente un caso de fetus in fetus, un caso clínico que solo se daba en uno de cada cincuenta mil nacimientos o alguna cifra así. Uno de los hermanos era absorbido por el sistema del otro, y mientras uno crecía para convertirse en una persona normal (normal dentro de lo que cabía en un tipo como yo), el otro se desarrollaba como una especie de tumor intrusivo. El que Jim Morrison hubiera desarrollado una conciencia propia y que la hubiera mantenido durante todos estos años era un caso único en la historia de la ciencia humana.
- Es un milagro- dijo mi hermano.
Para mí, sin embargo, milagro era no haberme animado a cortarme las venas. En las dos semanas que llevaba Jim Morrison viviendo con nosotros me había robado a mi novia, a mi familia y hasta mi perra le zarandeaba el culo mientras a mí me mostraba los dientes. Mis tíos se reían de sus chistes en las reuniones familiares y mis primos bebían con él. Incluso me había robado el cuarto. Mi mamá me había mandado a dormir al sofá, supuestamente para reparar el daño que le había hecho al pobre de Jim Morrison al absorberle con mi testículo.
- No tienes idea del daño que le has hecho a tu hermano. Ha debido vivir un verdadero infierno- me dijo.
El asunto era terrible, pero no llegó a un nivel realmente desagradable hasta que le dejaron a Jim Morrison encerrarse con Maru en el cuarto. No le había bastado convertirlo en un chalet de Malibú, sino que ahora se tiraba a MI novia en MI cuarto. Solo que ahora eran su novia y su cuarto. Le hablaba a Tito del asunto mientras caminábamos por la Encalada.
- Es que tu hermano es un dandy- me dijo moviendo la cabeza de un lado al otro.
- Ya. Es un hijo de puta. Es decir, carajo, hasta le dejan tirar en el cuarto. Y mi papá dijo algo el otro día de comprarle un carro. ¡Se están volviendo locos! Empiezo a pensar que uno de estos días llegaré a casa y me habrán desalojado. Jesús, yo me estoy volviendo loco.
Nos tomamos lo que quedaba del ron y tiramos la botella en un basurero en un parque. Luego seguimos caminando un poco más.
Esa noche llegué a casa cansado y lo único que quería era dormir. Habíamos seguido bebiendo y la verdad estaba algo resacoso. Además, desde que excreté a Jim Morrison de mis huevos tenía menos cabeza que nunca. Un par de tragos de ron me mandaban a San Judas. Una lata de cerveza me podía dejar en un coma etílico. De verdad ese monstruo se había llevado mi mojo, y con él todo rastro de mi virilidad. Me dejé caer en mi sofá, agotado, y había empezado a cerrar los ojos cuando escuché los gemidos. Primero eran casi inaudibles, tímidos, gentiles, incluso relajantes, pero poco a poco fueron subiendo de tono. Mi papá trabajaba en la computadora y mi mamá veía televisión, pero ninguno de los dos decía nada. Llegó un punto en que esos gemidos se volvieron realmente escandalosos, y los resortes de mi vieja cama se oían del otro lado de las paredes. No podía soportarlo, no podía tolerarlo. Aquél rosquete estaba cruzando el límite.
- ¡No van a decirle nada!- exclamé. Mi papá seguía trabajando en la computadora y mi mamá seguía viendo televisión -. ¡NO VAN A DECIRLE NADA!- repetí. No me hacían caso. No me escuchaban. Yo no existía, había desaparecido del todo. Me había convertido en una minúscula mancha blanca en las sábanas.
- Cristo, esto se acabó.
Me puse de pie y eché abajo mi puerta de una patada. Jim Morrison se estaba follando a Maru sobre mi cama, bombeando como un campeón y cogiendo por los tobillos sus piernas totalmente abiertas.
- ¡OH MIERDA, OH MIERDA, QUÉ RICO, JIM, JIM MORRISON, DIOS MÍO, DÁMELO, DÁMELO, ASÍ, ASÍ, OH JESÚS, ERES UN CAMPEÓN, DÁMELO, DÁMELO, ASÍ, NO PUEDO, NO PUEDO MÁS, JIM MORRISON, OH, JIM MORRISON, OH, JIM, JIM, JIM JIM JIM JIM MORRISON, SÍ SÍ SÍ SÍSÍSÍSÍIIIIIIII!
Entonces me bajé los pantalones. Me bajé los pantalones y miré mi adefesio de pito. Era una vergüenza para mis ancestros vascuences. Pero no podía rendirme, así que apreté los dientes y haciendo de tripas corazón azoté con él a Jim Morrison, directamente en la espalda. Su piel era blanca, suave y correosa, como si estuviera lubricada con algo.
- ¡Mierda!- exclamó, y el movimiento se detuvo.
- ¡Iñaki! ¿Qué haces aquí?- preguntó Maru -. ¿Qué es lo que te pasa?
- Lo que pasa es que es un cochino envidioso, pero le voy a partir la crisma ahora mismo nena, ya verás- dijo Jim Morrison. Se separó de Maru y se irguió. En ese tiempo había estado haciendo bastante ejercicio, yo mismo le había visto, y de la noche a la mañana se había vuelto más musculoso de lo que yo jamás hubiera sido. Era evidente que con un movimiento de caderas ese feto sobredesarrollado me podía mandar a Timbuctú.
- Escúchame bien Aurelio, esto se acabó. ¡A la que te estas tirando es MI novia! ¡Y en MI cama! ¡Y ya no estoy dispuesto a tolerarlo!
Maru frunció el ceño.
- ¿Aurelio?
Mi gemelo no le hizo caso.
- Ah, ¿sí? ¿Y qué vas a hacer al respecto, marica?
- Te saqué de mis huevos, y te puedo meter de vuelta. Todo este tiempo el secreto estuvo ahí. Quizás tu tengas el mojo, pero yo tengo un escroto como un puto saco de papas. ¡Ven pa’cá!
Y entonces se hizo. Como si fuera un viento huracanado, una corriente gélida salió de mis bolas y empezó a chupar a Jim Morrison.
- ¡NO!- comenzó a gritar este -. ¡NO, NO PIENSO VOLVER, NO! ¡NO PUEDO VOLVER! ¡MIERDA! ¡MIERDA! ¡SATANÁS, AAAAAAAAAAAAAAAAAAH! ¡EL HORROR! ¡EL HORROOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOoooooooooooooooooooooooooorrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr… !
Era un espectáculo asombroso. Rayos y truenos y fuegos artificiales y plumas y confetti de todos los colores giraban en torno al vendabal que salía de mi huevo izquierdo, jalando a mi hermano como si se tratara de un hoyo negro. Y finalmente, la cosa se acabó. Donde había estado mi hermano gemelo, no quedaba más que aire. Maru y yo nos quedamos boquiabiertos. Me atoré con mi propio aliento y empecé a toser.
- Iñaki, rulos, ¿estás bien?- me preguntó Maru, saltando de la cama y yendo hacia mí. Apoyó esas tetas como cocos contra mi pecho y pude sentir el perfume de su pelo llenando mi aire. El mundo era bueno de nuevo, el mundo era feliz.
- Sí- dije. Miré la pequeña costra en mi huevo izquierdo -. Todo donde debería estar.
Maru captó mi mirada y comenzó a palpar el saco de mis huevos. Sin advertirlo, despertó al relámpago, y pudo sentirlo erguido como un mástil apretando contra su vientre. Yo estaba de vuelta.
- Jesús, sí, todo esta como debería estar- dijo Maru.
Ambos nos reímos. Entonces mis padres entraron a la habitación.
- ¡Dios mío! ¡QUÉ ES ESTO!- los ojos de mi madre estaban tan abiertos que parecía que albergaba en ellos un par de hermanas de las que yo no tenía noticia -. ¡QUÉ TE PASA, MALDITO INDECENTE! JESÚS, ¿DONDE ESTÁ TU HERMANO? ¿¿¿DONDE ESTÁ???
- Pero…
- ¿¿¿DONDE??? MALNACIDO, MAL HIJO, ACCIDENTE. ¡¡¡AAAAAAAAAH!!! ¡¡¡ERES UN ASESINO!!!
Mi madre se lanzó sobre mí. Maru solo atinó a coger su ropa y escapar. No sentí resentimiento. Yo es que hubiera hecho lo mismo. Mientras mi madre me golpeaba, mi padre llamaba a la policía, que por una vez no tardó demasiado en llegar. Entraron a la casa, pasaron a mi cuarto y terminaron el trabajo de mi madre con sus garrotes. Cuando me hubieron inmovilizado, me tomaron las huellas, me esposaron y me llevaron a la comisaría. Me sacaron la confesión a golpes. Un par de horas después hablé con un abogado del estado.
- Señor de la Rocha, usted estaba en su derecho constitucional a guardar silencio. No tenía por qué dar esa confesión.
- No me diga.
- En serio.
- Ya…
Cumpliría condena por el homicidio premeditado de mi hermano gemelo en el penal de Lurigancho. Iba a tener mucho tiempo para disfrutar de mi mojo entre los hermanos Korioto y la banda de la Perricholi. Había confesado, así que no habría juicio. En la cárcel, los fraticidas estaban en el último peldaño de la escala social junto con los pederastas y los exhibicionistas. Yo estaba en el último peldaño de la escala social. Estaba cagado.
Caso cerrado.

Escrito por lchinaski

Julio 17, 2008 a 2:06 pm

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Osos Polares en Islandia

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Disclaimer: Todos saben que Lion Chinaski no pertenece a Vanguardia Universitaria.

Me llamaron una mañana para investigar sobre las apariciones de osos polares en Islandia. Normalmente los osos estos viven en Groenlandia, pero en el último año habían estado apareciendo uno y otro en las costas y la gente había empezado a ponerse realmente paranóica. Así que un día me llamaron al teléfono y me propusieron a investigar el asunto.
- ¿Grandbois?
- ¿Sí?
- Soy Hans Ibsen. ¿Ha escuchado algo sobre las apariciones de osos polares en Islandia?
- No.
- Pues lea el periódico de esta mañana. Haga unos cuantos recortes.
- ¿Me pagará?
- Le pagaré. Usted hágalos que yo voy para allá.
Así que hice unas cuantas gárgaras, me limpié las orejas y tomé una cerveza de mi refrigerador. Luego salí a comprar un periódico y estuve leyendo un poco sorbe los osos y el calentamiento global. La verdad era que yo no creía y aún no creo en eso del calentamiento. Quiero decir, cualquier persona con dos dedos de frente habría notado hace tiempo que hemos llegado un punto en que el jodido hielo no tendría por qué derretirse. Acabo de decir que saqué una cerveza de mi refrigerador esa misma mañana, ¡Jesús! Cierren las malditas fábricas, despidan a unos cuantos negros, qué coño. Algo saldrá, nada tienen que ver los putos glaciares.
En fin, Ibsen se apareció esa tarde en mi oficina y me dio unos cuantos papeles y notas y fotografías. El bueno de Hans había heredado la fortuna de su abuelo muy pronto y se había pasado los siguientes veinte años haciendo el vago y tomando fotografías para algunos periódicos y para él.
- ¿Qué es lo que opina?- me preguntó.
- Bueno, yo qué sé. Algo podría estar comiéndose a esos osos en Groenlandia. Algo grande.
- ¿Y cómo llegan a Islandia?
- Bueno, la gente podría haber estado subestimando la inteligencia de los osos todo este tiempo. Digo yo, esos osos inventaron el camuflaje. Darwin me puede chupar el mastil.
Ibsen parecía pensativo.
- Tiene que ser bastante grande si realmente se está comiendo a todos esos osos- dijo.
- Mierda, ya lo creo que sí. ¿Una cerveza?
- Dale.
Dos días después, el islandés me estaba pagando el pasaje a su isla. También me dio algo de efectivo que me gasté en el casino y en estar con las vikingas. Digo yo, las putas escandinavas están muy bien. A ver donde te consigues unas así en Sudamérica por tan poco.
Esa mañana, Ibsen y yo paseamos por la costa acompañados de uno de los que había visto llegar al último oso en su plataforma de hielo.
- Llegó como un narco colombiano que llega en un yate- dijo el tipo en perfecto inglés.
- Vaya cosa- dije yo.
- Ya- dijo Ibsen.
Me agaché sobre la hierba y toqué lo que parecían las huellas aún visibles del animal.
- Carajo, este era uno grande- dije.
- Sí, el puto rey de los osos- dijo el hombre.
- ¿Donde lo tienen?
- Se lo ha llevado la sociedad protectora. Dicen que lo van a mandar a Groenlandia la próxima semana.
Ibsen se me quedó mirando. Yo trataba de pensar e ignorar su cara de mamón.
- Tenemos que detenerlos.
- Mierda- dijo Ibsen.
- Para ti que está fresca- dije yo -. Esos putos hippies no saben lo que están haciendo. Alguien se va a comer al rey de los osos y no va a ser la reina precisamente.
- Bueno, olvídalo Grandbois, esto está cerrado. No podemos hacer nada con el oso. Te quedas con tu dinero, pasa bien los días que quedan, pero a mí no me verás meterme ni con la sociedad protectora ni con el bicho este que se los está comiendo. No señor, yo estoy bien como estoy.
- ¿No te da curiosidad?- pregunté yo. El guía nos miraba raro.
- No- dijo Ibsen.
- Oh. Bueno, ¿y me seguirás dando para las putas?
- Sí, bueno, hombre, ¿por qué no?
Fruncí el ceño. Prendí un cigarrillo.
-Vale- dije, y me cagué en los osos polares.

Escrito por lchinaski

Julio 10, 2008 a 4:31 pm

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Rey de Reyes

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Disclaimer: Lion Chinaski no pertenece a la Vanguardia Universitaria, entre otras cosas, porque el nombre le parece cursi.

Ex-piloto de F-22, herrero en Galicia, boxeador amateur y ex-taxista de Buenos Aires. Ése soy yo. Vercingétorix Grandbois, pa usté. Llevo 126 días trabajando como detective privado y ya estoy empezando a recuperar la fe en la perpetuidad del matrimonio, pues solo tengo 5 casos cerrados y 0 clientes. Vivo de mis ahorros y de lo que logro reunir vendiendo piecitas de filigrana. De tanto en tanto llamo a mi madre, sobre todo en días como hoy. Halloween, Día de San Patricio, a veces en el día del padre. Me gusta pensar que no lo hago a propósito, que las propagandas de esos días son más llamativas que los del día de la madre y que la fecha exacta de su cumpleaños se ha perdido en la vorágine el tiempo hace ya tiempo. Tomo la botella de Smirnoff y le doy un largo trago. Entonces pongo mis cartas sobre la mesa. Todos las miran en silencio, y es el turno de algún otro tipo.
- ¿Para ti cuál es el trago más macho de derechas que hay, Ulises?- pregunta algún ciruelo.
- El ron- dice Ulises mostrándonos sus cartas -. Rey de reyes. Y el ron es el trago más macho de derechas.
- Que se levanta a las 6 de la mañana y le pega a su mujer- añade sonriendo el ciruelo. Todos se ríen. Ulises, Compostela y los demás son todos unos ciruelos. Ríen, ríen.
- Nada- intervengo algo molesto -. El ron. Ja. Trago de isleños gays. Reggaetoneros-negros-isleños-gays.
Los devuelvo a la realidad. Ulises me mira.
- Pero…
- Nada. Isleñosmaricas- sentencio.
Compostela pone cara de cerdo. Se está riendo, pone una jota sobre la mesa y cambia el orden de todo. Le toca de nuevo a algún rosquete.
- Definitivamente- dice Compostela, sorbiendo mocos por la nariz – el trago para machos de derechas es el whiskey. ¿O no, mi querido Grandbois? La bebida de los guerreros celtas.
Parece que lo estoy meditando pero después de una corta pausa no puedo evitar reírme en su cara en su cara. No es un error de tipeo cuando digo en su cara en su cara, sino que le pongo énfasis.
- Nada, caca- digo-. Celtas maricas con trenzas e igualitarios. Gays y esnifaharpas.
- ¿Ok, entonces cuál te parece la bebida de los machos de derechas, Grandbois?- me pregunta Ulises.
Le doy otro trago al vodka, me enciendo un cigarrillo y dejo mis cartas sobre la mesa.
- Verás, Uli, tu error estuvo en pensar que porque el ron es barato es un trago masculino. El ron es un trago de esclavos, y someterte a él es dejar que te sodomice un capataz con una caña de azúcar. Además, tú lógica no tiene sentido, habiendo tragos aún más baratos y mucho más recios, como el yonque. Por un sol te llevas un litro, Uli. Y en cuanto a tu razonamiento, Compostela, debo decir que es aún más precario, casi digno de una señora menopausica. Pensaste por un segundo de que accedería a tu sugerencia simplemente por mi sangre, y eso es gay, tanto como las trenzas de mis ancestros. No, señores, el trago más macho de derechas, sin lugar a discusión, es el vodka.
Alzo la botella de Smirnoff ante todos.
- Un trago hecho para ser bebido en Siberia mientras se lucha con osos. Ese es un trago para hombres- digo.
Entonces me interrumpe algún ciruelo.
- Eh, Grandbois, se te cayó una carta de la manga, maricón- dice, o algo así.
- Así no se juega, hijo de puta- dice Ulises poniéndose de pie. En ese instante agarro el mazo de cartas y se lo arrojo a la cara. Salto sobre la mesa y reparto patadas y me caigo de barbilla al suelo. Me sube una burbuja de sangre a los labios.
- Mierda- susurro, y entonces veo que el marica de Compostela se va corriendo con mi Smirnoff. Debo gritar, y lo hago.
- ¡Noooooooooooooooooooo!
Siento las patadas sobre mis costillas y no puedo evitar pensar en el alquiler.
Perdí.

Escrito por lchinaski

Junio 27, 2008 a 2:37 pm

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EL MONÒLOGO APRISTA

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Por Oscar Escalante

mulder haciendo demagogia (sin éxito)

Hace unos días concurrí a la conferencia dada por el congresista del Partido Aprista Peruano Mauricio Mulder en la PUCP (debo anticipar que sólo llegue a escuchar la participación de Mulder). El título de su presentación nos hizo suponer que se trataría de una reflexión del aprismo para la sociedad actual, una meditación del aprismo hecha por apristas para un país en pleno siglo XXI. Y aunque estuvo dirigida para un salón de universitarios, no primo la interpretación que le damos los estudiantes a las ideas de Haya de la Torre. Recalco la palabra trataría para dejar en claro que se trata de un ideal que no fue realizado, puesto que la presentación de Mulder tuvo todas las características de la práctica que aleja a los jóvenes del ámbito político y me dejó preocupado porque las formas de hacer política no se están replanteando.

Sandro Venturo, en su libro Contrajuventud, caracteriza una escena política peruana donde no interesa el debate programático ni el dogmático. Esto producido por el siempre mentado neoliberalismo que reniega de las ideologías y ha concientizado a los ciudadanos de la importancia del crecimiento sostenido, pero no les consiente cuestionar y elaborar de ello el modelo de país que debemos ser. Mulder es uno de los que carecen de capacidad de de crítica, nos dio a entender que la política de gobierno aprista sólo está orientada a tratar de resolver problemas coyunturales (esos que surgen y fastidian a los que salen en la foto con Alan), se esforzó en evidenciar la incapacidad de su partido para comprender la nación (sus necesidades, contradicciones, dinámicas).

Este acto que fue promocionado con la cita a una frase de Gonzalo Gamio que recalcaba lo imprescindible de la tolerancia en las sociedades democráticas. Me pregunto si la tolerancia exigida es la misma que la practicada; aquí los ‘compañeros’ son mezquinos, no les gusta ver algún tipo de resistencia a su paso y eliminan cualquier incomodidad recurriendo a la tradicional bufalada. ¿Qué de malo existe en un panel que tan solo haga citas literales de las promesas electorales de García? Nada, es más hubiera sido mucho mejor para los estudiantes del Comando Universitario Aprista tener un deslinde público de la intolerancia y autoritarismo presidencial haciendo una demostración de aguante a la existencia de oposición mesurada. El panel en cuestión fue retirado, llevado a un lugar lejano a la vista de los que podrían salir del salón, todo por las exigencias apristas. Nunca imagine que la libertad de debatir públicamente en una universidad se viera mermada por una exigencia politiquera.

Todo ese comportamiento se condice con la pérdida de conciencia de quienes creen que hacen política lisonjeando a los líderes de los partidos. Fue terrible ver como el alumno sentado en la mesa principal asentía y sonreía mostrando su satisfacción con cada frase que Mulder improvisaba; expresando que todo va bien, manifestando su conformidad con el nivel político en el que se mueven sus líderes partidarios, ese nivel que esos mismos dirigentes ayudaron a rebajar.

Muchas conclusiones se pueden sacar de esa conferencia. Escuché a muchos de los que comparten aulas conmigo decir que a su parecer el monólogo estuvo bueno pero acá no nos dejamos deslumbrar por un congresista que trata de imitar la capacidad discursiva del presidente García (hay que recalcar que esa imitación le sale mejor a Carlos Álvarez); asimismo, no compartimos el discurso que nos dice que al fiscalizar e incitar el debate público no se reconocerían los supuestos logros del gobierno y tilda de egoísta a quien osa cuestionar si quiera una palabra.

Queremos una nueva forma de hacer política, en la que se considere importante la participación del ciudadano, del estudiante universitario, el campesino, el empresario: de todo aquel que integre la sociedad; deseamos representantes que escuchen y toleren a los que piensen distinto a ellos; que enriquezcan el proyecto nacional con nuestras diferencias. He allí nuestra tarea, la renovación de los paradigmas que rigen el ejercicio público en nuestro país. Manos a la obra que el tiempo y el terruño no perdonan.

Escrito por oscarescalante

Junio 23, 2008 a 4:21 am

Escrito en política

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La Escena

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Disclaimer: Lion Chinaski grita a los cuatro vientes que él no pertenece al grupo Vanguardia Universitaria. Gracias ;-)

D y M van a comprar duct tape en una ferretería. Caminan con paso ligero, pero sin apurarse demasiado. Dos días después del año nuevo y todavía parece un día festivo.
- El otro día estaba viendo Forrest Gump en la tele- dice D.
- ¿Ah, sí?- dice M en tono neutro.
- Sí. ¿Qué te parece esa pela?
- Es buena, es buena.
- Es de mis favoritas. Hay una escena en particular de Forrest Gump…
- ¿Cuál?- pregunta M, y se enciende un cigarrillo.
- Una en los 70’s, esa en que Jenny está en un cuarto con uno de los tantos tipos que le pegaban, uno que acaba de meterse heroína y ella está sentada al borde de la cama, dándole la espalda.
D y M se detienen en la puerta de la ferretería. M tira al piso su cigarrillo de forma automática y mira a D detenidamente.
- ¿Cuál es Jenny?
- Huevón, la chica que le gusta a Forrest.
- Ah, la rubia.
- Sí, esa. Bueno, estaba hablándote de esta escena. Creo que es una de las escenas más deprimentes en la historia del cine.
Ambos entran en la tienda y se acercan al mostrador. El tipo que atiende tiene ojeras profundas y orejas grandes. Se le ve cansado y resacoso. Ha estado viviéndola con su sueldo mínimo.
- Buenas, un rollo de duct tape.
- Buenas- dice el encargado tardíamente. Se da media vuelta y busca el duct tape. M vuelve a mirar a D.
- ¿Esa no es la escena en que suena el solo de Free Bird?
D saca el dinero de la billetera sin mirar a M.
- Sí, antes de balancearse en el balcón- responde contando los billetes. M ríe socarronamente. D se siente desconcertado, va a decir algo pero entonces el encargado aparece con la cinta. Le entrega un billete de 10 soles. El encargado mira bien el billete, saca unas cuantas monedas de la caja y se las entrega a D.
- Gracias- dicen D y M al mismo tiempo. Se dan media vuelta y salen de la ferretería con el duct tape.
- ¿De qué te reías?- interroga D a M mientras caminan.
- ¿Te parece que la escena en que suena el solo de Free Bird es una de las escenas más deprimentes de la historia del cine?
- Sí.
M vuelve a reír. D sonríe.
- ¿Qué tiene?
- Huevón, ninguna escena que tenga de fondo el solo de guitarra de Free Bird puede ser deprimente. Es sencillamente imposible.
- ¿Por qué?
- Carajo, has escuchado el solo. Es frenético. Es frenético y energizante, esos no son atributos de la depresión.
D y M doblan a una calle aún más desolada.
- Mierda, ¿me estas diciendo que por una canción de fondo la escena pierde toda su carga emocional?- dice D entonces.
- ¿Qué carga emocional?
- Carajo, la escena es terrible, deprime. El primer plano de la espalda desnuda y más blanca que un nabo, los drogadictos tirados alrededor. Luego la cara de Jenny, como la de un autómata, un bicho andrógino, ojeroso, triste.
- Ajá.
M saca un alambre sumamente delgado de uno de los bolsillos de sus pantalones. Ambos se detienen frente a un automóvil viejo en la intersección de dos calles, un Chevrolet azul, de finales de los 80. Con disimulo, M introduce el alambre en la ranura de la llave.
- Parece una estatua de cera o un hombre realmente destrozado- prosigue D -. Y no es un hombre, carajo, es Jenny, uno ve ese rostro y se dice, “¡ese no es un hombre, es Jenny, la niñita, la amiga de Forrest!”
- Carajo, ¿quieres callarte un rato?
- Ah, sí, sorry.
- Bien…
M hace lo suyo. Abre la puerta del auto y sube. Luego le abre la puerta de al lado a D, que hace lo propio. D le pide un cigarrillo a M, y este le pasa la caja sin siquiera mirarlo. Está concentrado en sacar la caja de abajo del timón y empezar a jugar de manera precisa con los cables.
- Te encanta jugar con los cables- dice D encendiendo un cigarrillo.
- Me encanta jugar con tu vieja- responde M con voz cansina.
D ríe.
- Hijo de puta- responde.
Entonces el motor ruge. Ruge despacio y vuelve a rugir. Está encendiendo.
- Ya está- dice M, y el motor termina de encender.
- Bien- dice D.
- Dame mis cigarros.
D le pasa la caja a M, quien toma un cigarrillo y lo enciende. Se guarda la caja con el encendedor adentro y acelera. A lo lejos, pueden oir los gritos del dueño del vehículo, que sin duda ya ha sido alertado por los vecinos.
D y M se han alejado de la zona. Ahora se encuentran en un barrio mucho más limpio y ordenado y el auto se mueve rápidamente en las calles deshabitadas. Deben llegar en tan solo unos minutos al distrito de Miraflores.
- ¿Qué decías?- dice M con una mano fija sobre el volante. La otra está fuera de la ventana, soltando un cigarrillo antes de encender uno nuevo.
D se ríe, sorprendido de que fuese M quien retomase el tema.
- Decía que le quitas toda la importancia a la carga emocional de la escena, a lo visual, a lo estético. Una canción no puede imponerse a imágenes de la decadencia del ser humano, menos aún un solo de guitarra.
- He visto videos de las gemelas de Tres por Tres con solos de guitarra de bandas de black metal de fondo. Creeme que pierden cierta ternura.
- Estas hablando mierda y lo sabes, no es lo mismo. ¿Si te pongo el solo de Freebird como fondo de un corto sobre el Holocausto, las escenas serán pura alegría?
- No- responde M -. Parecerá que estas ensalzando el Holocausto, como si los judíos fueran unos monstruitos y Hitler Duke Nuken.
- Exacto. ¿Y acaso eso no es deprimente? Ver una escena así con ese solo de fondo ensalzando la decadencia humana sería ciertamente deprimente.
M detiene el auto. A partir de ahí, él y D deben caminar. Bajan y eso es lo que hacen: caminar.
- Huevón, ese solo está ahí para acentuar el vértigo de la caminata sobre el balcón.
- Por eso mismo deberías separar la escena de la espalda de Jenny de la canción de fondo.
M niega con la cabeza.
- Es imposible.
- ¡Puta madre!
Se detienen frente a una casa bastante grande en una transversal. Amurallada como un banco, sin ventanas, con un intercomunicador y una puerta y un portón macizos.
- Ya, listo, estamos aquí. Carlos Artaud, 411.
- ¿Crees que nos esté esperando?- pregunta D.
- No, ni cagando.
- Bien. Si está sólo, él nos abrirá la puerta.
- Tiene cámaras.
- Eso lo solucionamos adentro.
D llama a la puerta. Ambos hombres esperan con los brazos cruzados. Entonces se oye una voz en el intercomunicador. Es áspera, seria y cansina.
- ¿Sí?
- Buenas tardes- dice D -. ¿El señor Norberto Izaguirre?
- Sí, dígame.
- Correspondencia de Ketifarma S.A.C.
Se hace un momento de silencio. M mira su reloj.
- Déjelo debajo de la puerta- dice Izaguirre entonces.
- Debe firmar unos papeles- insiste D.
Otra pausa breve.
- Ya salgo.
- Mejor nos preparamos- dice D.
- No, aún no- responde M -. Aguanta un toque. Ya, ahora sí.
D saca el duct tape de uno de los bolsillos de su chaqueta, M carga su arma. Se abre ligeramente la puerta y M la introduce por la ranura. Izaguirre es un hombre calvo y gordo.
- Hola señor Izaguirre- dice M -. Ábranos paso.
Izaguirre quiere gritar pero D empuja la puerta y le da en la cara. M y él entran y cierran la puerta detrás de ellos. En una hora están afuera de nuevo y llevan puestas camisetas bastante ajustadas para sus tallas. Son las camisetas de los jóvenes Izaguirre, fuera de la ciudad por las fiestas. D, además, lleva un maletín deportivo colgado al hombro.
- Mira, Forrest Gump es una buena película- dice M mientras se alejan de la casa con las manos en los bolsillos -. Pero esa escena no es particularmente memorable.
- No la has visto con suficiente atención- responde D.
- Carajo, ¿cómo que no? Es Forrest Gump, todo el mundo la ha visto al menos un par de veces.
- Tú ni siquiera sabías quién era Jenny.
- Caca. Caca de perro, negra y suavecita. ¡Es una escena sin mayor importancia en la historia del cine!
D detiene un taxi.
- Brother, ¿a cuanto la carrera hasta el Museo de Oro?- pregunta al conductor.
M se muerde el labio inferior. El taxista pone una expresión inexpresiva en su rostro.
- ¿El Museo de Oro? Hmmm… eso es pasando el Puente Primavera, ¿no?- pregunta.
- Sí- responde M impaciente.
- Hmmm, 10 soles.
D se ríe.
- No, no, brother. Las fiestas ya terminaron.
- Pero pucha, amigo, es lejos- dice el taxista.
D y M se miran. El taxista los mira. Ellos lo miran a él.
- A mí normalmente me llevan por 7 desde aquí- dice D finalmente.
- ¿7? No, no, no se pase pues amigo. 8 si quiere.
D sonríe.
- 8.
Él y M se suben al taxi y este arranca sin mayor demora. D habla un rato con el taxista sobre las fiestas y lo peligroso de andar en taxi por la ciudad en vísperas de año nuevo. Pero desde el año nuevo han pasado dos días. M abre la ventana y luego enciende un cigarrillo.
- Invítame uno- le pide D entonces.
M le da una mirada inquisitva, pero termina por pasarle la caja. D no tarda en abrirla y encender otro cigarrillo.
- No voy a volver a hablar de películas contigo- dice entonces, echando por la ventana una bocanada de humo.
- ¿Ah? ¿Por qué no?
- No sabes nada de cine.
- ¡Puta madre! Jódete.
El taxi se adentra en la Avenida Angamos. D y M no vuelven a hablar en el resto del trayecto.

Escrito por lchinaski

Junio 20, 2008 a 2:36 am

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