Entradas etiquetadas ‘ajenos’
el gremio ha muerto,viva el gremio.
El texto que posteo a continuación apareció publicado en la primera edición de la revista de estudiantes Puntos Suspensivos, tiene por autor a quien me acompañará en la gestión de la Federación de estudiantes (FEPUC) desde la vicepresidencia. Debo decir además que hemos no sólo caminado juntos largo trecho del camino, sino que los hemos iniciado.
En artículo data del año 2006, se inserta en un conxteto que me recuerda mucho al actual, al menos en mi facultad: Derecho.
Hoy en día que la FEPUC propugna la integración del gremio (que nosotros también defendimos en nuestra gestión pero sin coacción alguna), y fomenta consultas para lograr que se inserten en un vestusto y desgastado esquema gremial (que no ha sido replanteado) los Centros de Estudiantes (artes, comunica, etc.).
Hoy que el señor Salcedo (FEPUC) comanda dicho proceso de “integración” vacía y sin contenidos, me recuerda a los chicos del partido y su vistoza escopeta de dos cañones: el discurso y los contradiscursos, para la hinchada, para los amigos, para los enemigos… para las circunstancias.
La FEPUC actual (UNES) que busca la integración, y que no logra integrar su pagina web (la cual publicitan en volantes mal elaborados: proclaman ser la Federación de los 50 años, cuando dicha Federación casualmente fue de VANGUARDIA) en la cual aun aparecen los miembros de la otrora gestión de ingenieros y CONEII. La FEPUC actual que propugna en el discurso la integración del gremio (dios sabrá para qué) y que de otro lado acusa, señala y pide rueden cabezas en el C.F de Derecho a partir del fiasco que resulto el tradicional Almuerzo de Derecho, cito a Carmen Ruiz, en un texto que aparecerá en la tercera edición de PS:
Álvaro Salcedo (Fepuc) envió un “valiente” mail a todos los estudiantes de primer ciclo de Derecho (para los que se realizaba el Almuerzo) alentándonos a presentar nuestras quejas y testimonios a fin de “castigar a los culpables”. ¡Buena Álvaro¡ te apoyo en eso pero ¿no hubiera sido mejor tomar medidas cautelares cuando la primera fiesta-estafa se llevo a cabo? Digo nomás, mi humilde opinión, porque ya muchos somos duchos en el fino arte de escuchar sobre fiestas fallidas.Dejo esto allí, que para preábulo ya estuvo largo.
[...]
¡EL GREMIO HA MUERTO, VIVA EL GREMIO!
por José Fernández del Río[1]
La representación estudiantil es un moribundo con fecha de defunción establecida; con los periódicos (estudiantiles) disputándose la primicia del obituario.
Nuestra representación, llevada de la manera en que en este momento se esta realizando, esta condenada a desaparecer y vivir en el recuerdo de tiempos mejores, que huelen a naftalina y aserrín de caoba; hinchando el pecho de orgullo por haber parido glorias que dirigieron el país.
La muerte la anuncian las bajas afluencias de votantes cuando hay que elegir a Centros Federados y FEPUC. El voto inconsciente para la REA y Consejos de Facultad. Se vota por miedo a la multa. Este tipo de participación, hace que la fuerza de nuestras instancias gremiales y de cogobierno universitario disminuya a, casi, su mínima expresión.
El gremio se ha convertido en una simple productora de eventos (conciertos, teatro, etc.) dejando totalmente de lado su rol de nexo entre las autoridades y la masa estudiantil representada. Creo que el promover actividades culturales es esencial, pero no debería ser la razón de ser de un gremio, que fue creado con otros objetivos. Para ello existe una oficina de Asuntos Culturales y una Dirección de Asuntos Estudiantiles, cuya razón de ser es apoyar iniciativas (culturales) del alumnado.
A esto se suma la falta de interés por parte de las autoridades (y lo digo con la potestad que me da ser ex miembro de la FEPUC) a potenciar el gremio como un canal de comunicación con los alumnos, para obtener mejores resultados en lo que se refiere a la creación y ejecución de políticas universitarias. Por ejemplo a la hora de tomar la decisión sobre la reducción de módulos de correos electrónicos, cambiándolos por computadoras para el control del personal administrativo; se hubiera consultado al estudiantado, por medio del gremio, si ello afectaba en algo a los estudiantes y de ser así cual seria la mejor solución. De esta manera tendríamos la visión de las partes interesadas.
La falta de conocimiento de herramientas de gestión en nuestros representantes; sumado a la idea de llegar a hacer currículum mediante el asumir la dirección del gremio, tiene como resultado el caos. Por ello tenemos mesas Centros Federados suspendidas. Presidentes de Centros de Estudiantes, que disfrazados de demócratas, tratan de obtener cargos vitalicios; mesas que se parten a mitad de gestión.
Si seguimos llevando a nuestro querido gremio por este camino, nos espera la desaparición del mismo o ser simplemente una pintura (surrealista) que se cuelga cada año para decorar los pasillos de nuestra Universidad. Es por ello que debemos tomar conciencia, como representantes y ex representantes, aprender de los errores y cargarnos sobre los hombros, la tarea de devolverle participación al gremio, potenciando sus virtudes, convertirlo en un verdadero canal de comunicación, de representación y de participación
Siendo concientes de que estar a la cabeza de ello no es un juego, que debemos saber dirigir esta empresa. Preocuparnos de formar generaciones futuras, en alianza estratégica con la universidad, en herramientas de gestión. Debemos priorizar el trabajo político, gremial, sobre el cultural, y hacer efectivas las instancias que están designadas para esos temas.
La Representación Estudiantil, puede salvarse, pero mientras no hagamos una autocrítica, nos preocupemos por formarnos y realizar un trabajo sincero y comprometido, nuestras instancias gremiales seguirán en estado de coma, sin fecha fija para despertar.
[1] Miembro fundador de la Vanguardia y vicepresidente de la Federación de Estudiantes de la Pontificia Universidad Católica del Perú (FEPUC) 2005.
La pobreza y los derechos en serio
El texto que presento a continuación, fue escrito por el profesor Gorki Gonzales, miembro del Comité Asesor del movimiento, para la tercera edición de nuestra revista Puntos Suspensivos.
No obstante ello, el artículo se filtro y termino apareciendo publicado en El Comercio y luego de ello, en el Puntos Edu e incluso en Der Spiegel…
En todo caso, considero importante compartir con los miembros del grupo y Sebastián, así como con los lectores del blog, las reflexiones del profesor Gonzales.
La pobreza y los derechos en serio
(por Gorki Gonzales Mantilla)
El nivel de pobreza de un país refleja el grado de realización de los derechos fundamentales de las personas. La pobreza es la causa más flagrante de la desigualdad, restringe la libertad, pone en cuestión el derecho a la integridad física, a la salud, al trabajo, a la educación, a la vivienda, impide el acceso a la justicia, en suma, diluye el sentido de la dignidad humana.
Para no olvidarlo, la democracia, como sistema de gobierno, existe precisamente para la protección y tutela de los derechos fundamentales. Esta es la razón que la justifica desde su origen en los sistemas políticos constitucionales del mundo moderno. La pobreza tiene, por ello, una dimensión articulada al valor de los derechos tomados en serio, en los términos de Ronald Dworkin.
Los enormes conglomerados humanos que desde los orígenes de la república carecieron de medios esenciales para satisfacer sus necesidades básicas, conforman aún hoy el mapa de los que menos tienen en el Perú. Lo dramático es que en él, las causas históricas que alimentan la pobreza se mantienen, como siempre, definidas en torno a la exclusión, al centralismo y al racismo que vertebra en forma invisible nuestras relaciones sociales. La democracia en este escenario se convierte en una petición de principio, pura razón de Estado, sólo cifras macroeconómicas usadas como bandera por grises burócratas. Y el paradigma del progreso impulsado desde el oficialismo, se levanta entonces como suntuoso mausoleo en un cementerio donde los cuerpos se entierran sin mortaja.
Un gobierno puede no ser responsable de las causas históricas de la pobreza en el país, pero no puede exonerarse de su incapacidad o desinterés para revertir esta realidad como prioridad de la democracia misma. La hipótesis según la cual, más adelante el vaso rebosará, ha contribuido al actual estado de cosas en un contexto de crecimiento económico que repele a los pobres. Los cosméticos y fluctuantes programas sociales expresan esa concepción paternalista y culposa, compenetrada con esta idea del desarrollo económico, que pretende la convivencia de la democracia con la pobreza. Donde los derechos fundamentales se advierten como obstáculos al desarrollo económico y, por ello, son considerados impracticables. Como el caso de los derechos sociales, económicos y culturales, cuya vigencia, como expresión del grado de pobreza, suele estar determinada por las condiciones económicas del Estado, como si éstos no fueran precisamente la razón del Estado en una democracia.
Las devastadoras cifras de la pobreza en el Perú son sólo un leve indicador del estado de indefensión y desamparo material y moral de las personas que la sufren. Que esto se extienda y convierta en metástasis proyecta además un sombrío cuadro donde la ciudadanía ya no es un atributo sino una concesión esquiva para los pobres. La pobreza expresa el fracaso de la democracia como sistema para tutelar los derechos y ninguna perspectiva liberal puede soslayar este punto de vista que compromete, por cierto, al gobierno de turno.
La democracia reclama de los gobiernos coherencia con los principios constitucionales y compromiso con la protección de los derechos de las personas. Se espera decisión para impulsar las políticas que proyecten la voz y los intereses de los excluidos. Se aspira a que produzca incentivos para desarrollar las capacidades de los desfavorecidos, para que estén en condiciones de igualdad. La democracia constitucional no es un instrumento del mercado ni de los intereses hegemónicos que lo mueven. Su razón de ser la obliga a valerse de ambos, para satisfacer los derechos fundamentales, como un problema práctico y existencial que atañe a la democracia misma.











