Archivo mensual: noviembre 2010

Los nuevos políticos

por David Pimentel

Durante estos casi dos años que llevo en la universidad y al ver pasar por mis narices tanta gente que forma parte del espectro político universitario  y al ser yo, de alguna manera y sin duda, parte de este mundo que cada vez va cobrando más adeptos; siempre me queda rebotando una duda que mira de reojo hacia el futuro: ¿Cómo deben ser, o como deben formarse los nuevos políticos?
Esta nueva generación que comparte el campus conmigo será la que finalmente en algún momento llegue a tener altos cargos estatales o de una tremenda influencia social por lo que, su formación influirá mucho en cómo se tomarán las decisiones en el país. Es esta formación la que me preocupa, o el uso que las nuevas generaciones hacen de ella, pues sigo viendo cómo se van generando pequeñas maquinas doctrinarias, personas que tienen planteado un discurso antes de haber pasado un tiempo de observación previo. Se está repitiendo la historia y los políticos nuevos quieren copiar y tener las mismas mañas que los viejos, sin embargo constantemente están rebelándose frente a la tradición. El  juego de egos es terrible dentro de la escena política, y es alimentada por los cargos y el prestigio que pueden tener o los beneficios que pueden traer (el comienzo de la corrupción). Cuando ser político no conlleve poder alguno será el día que empezarán a verse las caras sinceras. Las buenas intenciones existen, pero creo que siempre han existido.

Mi generación de políticos está empezando lastimosamente a parecerse mucho a las que la anteceden, gente que sabe dar respuestas muy elaboradas y con bastante palabra rebuscada para decir lo mismo, discursos ya muy manoseados que dichos con nuevas palabras y nuevas jergas se refrescan cada generación pero no cambian. La creatividad se ha dejado de lado, la rebeldía juvenil se usa del cuerpo hacia afuera cuando podría usarse del cuerpo hacia adentro.  Los discursos se hacen cada vez menos digeribles para las personas comunes y esto va alejando a personas valiosas. Los momentos de contiendas electorales acercan a las masas no porque estén en cuestión voluntades políticas, sino porque como toda contienda donde hay bandos, la rivalidad genera expectativa. Los políticos de ahora no hacen nada para que sus acciones sean atractivas y se pierden cuestionando pensamientos arcaicos.
Frente a esto, y desde esta libre tribuna quiero poner en cuestión a las generaciones políticas que se están incubando y de alguna manera reflexionar sobre qué clase de políticos y personas buscamos e intentamos formar.
En el curso de dibujo nos dicen que observemos. Observando y observando bien podemos describir lo que nuestros ojos ven. Sólo así podremos tener buenos trabajos, no podemos anticiparnos a la realidad pues ésta es más rápida y ha estado aquí antes que nosotros. Cada vez el ojo se va puliendo para describir mejor las imágenes que llegan a nuestros cerebros.  Dibujar es un ejercicio que toma tiempo. De la misma forma, un político debe tener esta sensibilidad para poder tener un panorama exacto de la realidad, de dónde está parado respecto a lo que está viendo, de qué tan lejos se encuentran las cosas, el tamaño de los personajes que va a observar y su relación con los demás objetos que forman parte de la escena. Debe por un momento ser un ilustrador de lo que sucede. Si no cumplen con este requisito se vuelven tan inefectivos como quien intenta dibujar una casa, sin antes haberla visto.

Los nuevos políticos deben ser sensibles, personas con bastantes capacidades que se afiancen en un temperamento de líder. Los nuevos políticos no sólo deben estar preparados para dar respuestas sobre historia o teoría política, deben haber vivido bastante, deben conocer cómo se siente, deben haber estado en el lugar de alguien. No pueden vivir cerrados bajo un sesgo ideológico, pues el mundo lastimosamente no vive separado. El político que se busca puede controlar su ego y su furia, debe saber escuchar toda clase de música como quien atiende a una persona mientras habla y va descifrando códigos de significado y significante, debe ser creativo, porque las respuestas (y acá va el gran error que veo en la clase política de ahora) no están dadas, se necesita de creadores de ideas, no de gente que repite un discurso que está sobre la mesa desde hace años. Un político debe ser una persona sencilla por que en un cuerpo complicado es difícil almacenar toda la información que tiene que procesar sin alterar su contenido con juicios de valor. Un político de los nuevos no puede poner a la política por sobre sus otras actividades porque la política como tal no existe, son las diferentes actividades que hacemos y cómo las hacemos las que generan una verdadera vida política.
Los nuevos políticos deben estar enamorados del mundo como para intentar ordenarlo, y para estar enamorados del mundo hay que empezar por observarlo.

Algunas ideas en torno a la democracia

Pocas ideas poseen en nuestro tiempo mayor relevancia que el que contiene la palabra “democracia”, su sola existencia ha sido el motivo de infinidad de tratados políticos, legales y sociales; puede utilizarse para movilizar poblaciones enteras, instaurar y derrocar gobernantes, puede legitimizar decisiones económicas y políticas, puede mantener naciones en pie de guerra o llamarlas a la paz. Incluso si cualquiera de estas posibilidades resultase demasiado grande o ajena a muchas personas, “democracia” es una idea que puede también afectar áreas mucho más personales, la carrera que elijamos, la vida que llevamos; todo ello, en tanto nos reconocemos ciudadanos, se encuentra dentro del campo de influencia de la democracia. Sin embargo, y pese a lo presente que dicha idea se encuentra en nuestras vidas, “democracia” es un término que no siempre resulta fácil de rastrear o definir.

En cuanto al origen de nuestras democracias:

El primer error cuando se piensa en una idea de la democracia es suponer que su concepto es, en efecto, tan antiguo como aparentan sus raíces griegas. La democracia moderna nace mucho después, con el proceso de revoluciones transatlánticas que se vivió durante fines del siglo XVIII y principios del XIX, dentro del cual tendría lugar la emancipación de los Estados Unidos, la Revolución Francesa y el resto de rebeliones que tendrían como consecuencia el desmoronamiento del otrora todopoderoso Imperio Español en el continente americano.

Sin embargo; resulta de sumo interés para comprender qué elementos alimentan el espíritu de la democracia, reflexionar acerca de la transformación de la manera en que el hombre occidental ordena su civilización. Desde luego, detenernos en un análisis minucioso y totalizador de la historia de las civilizaciones sería un esfuerzo extenuante y seguramente también desmotivador. Es por ello que hemos de remitirnos para este propósito al pensamiento de Alexis de Tocqueville.

Las reflexiones de este autor son interesantes para el tema pues se trata de la perspectiva de quien escribe desde el interior de la coyuntura; había presenciado el rápido proceso de cambios que afectaba a occidente y ciertamente lamentaba que un suceso tan violento como la Revolución Francesa hubiese tenido lugar. Dentro de su comprensión, Tocqueville no percibía este ciclo de revoluciones como una ruptura, sino como una brusca aceleración de un proceso constante y natural de acercamiento de los polos sociales que existía en Europa desde la época de los Señores Feudales. Para él, este proceso se había visto favorecido a lo largo del tiempo por una serie de factores, dentro de los cuales los más significativos eran la Iglesia, cuya filosofía de piedad se constituyese como uno de los elementos igualadores de la sociedad; la posterior aparición del dinero, el cual constituía un elemento de poder que, a diferencia de la sangre noble o la tradición, no permanecía en los linajes familiares, sino que poseía una capacidad de circulación; el deseo del los reyes de elevar el nivel cultural del pueblo con el fin de disminuir la influencia de la aristocracia, otorgándole de esta manera a las clases inferiores un medio para lograr su propia superación; y, recientemente, el progreso tecnológico, que eliminaba, entre otras cosas, la relevancia militar de los nobles y sus armaduras por la fuerza de las balas, que lo mismo daban si eran disparadas por campesinos o gentilhombres.

En síntesis, es este deseo por alcanzar la igualdad, presente en el hombre desde tiempos antiguos, sumado al más reciente deseo de libertad originado en las ideas de la ilustración, lo que provoca el incremento en la vertiginosidad de los cambios de las civilizaciones occidentales a puertas del siglo XIX. Para Tocqueville, había dos destinos posibles frente a aquella imparable cadena de sucesos, el primero era el que encarnaba la Revolución Francesa, un panorama donde las ideologías que los intelectuales, excluidos de las tareas administrativas de Estado por un régimen absolutista, se habían intentado imponer a rajatabla, tratando de someter el mundo real al de sus ideas ilustradas, lo que tuvo como consecuencia un periodo de Terror y un caos desbocado que culminó en la pérdida de las libertades por las que supuestamente se luchaba; la alternativa, era Estados Unidos, la democracia ideal según Tocqueville, en la que se había logrado que los ideales de libertad y de igualdad de sus ciudadanos prosperasen en gran medida gracias a la ausencia de una fuerte tradición realista como la francesa que generase algún movimiento reaccionario. De todo lo anterior se deduce que, dentro del espíritu democrático, son dos los principios que deben de brillar siempre: el de la libertad y el de la igualdad; libertad sin reconocernos como individuos iguales en dignidad caer en la anarquía de quien no respeta los derechos ajenos, igualdad sin reconocimiento del deseo de libertad de todo individuo es tiranía.

*Se utiliza la palabra de “igualdad” dentro del contexto de las ideas de Tocqueville, es decir como una igualdad política y civil, donde todo ciudadano es sujeto de las mismas leyes y su manifestación política (voto) posee el mismo valor. El “rostro social” de la igualdad aparece excluido en estas líneas.