Archivo mensual: octubre 2010

Vía de Letras

Al hallarme revisando crítica literaria, encontré una frase que definía al arte como sustituto del conocimiento científico, como metáfora epistemológica. Una expresión del conocimiento a través de la sensación y percepción personal. (Alazraki 1983:57). El artista plasmaba una visión de la realidad válida, en la que el mundo podía ser interpretado a través de las palabras o imágenes. Esta idea se puede graficar, de forma idónea, en la literatura, en casos como los de las novela de carácter sociológico de José María Arguedas o en las novelas del alemán Gunter Grass.

Quisiera señalar a ambos escritores debido a la relevancia y transformación de sus obras pero, sobre todo, a la compresión de su contexto. La obra más importante de José María Arguedas fue Todas las sangres, el resultado del desarrollo de su narrativa comenzando por su libro Agua, que describe la vida de una aldea; en Yawar Fiesta destaca la vida de una capital y en Los ríos profundos describe la vida de Ernesto y su experiencia con los indios. A su vez, en Todas las sangres) trata de interpretar la realidad peruana. Alberto Escobar comentó acerca de esta novela: “Todas las sangres nos da la imagen del problema local, del problema humano, del problema regional, del problema regional frente a la capital, e incluye el Perú dentro del mecanismo internacional de los monopolios y de los intereses internacionales, y coloca ahí esta situación del indio, y del mestizo, y del mundo limeño, y del mundo indígena, dentro de una perspectiva mundial” (Rochabrún 2000:36).

Nuestro nobel, Mario Vargas Llosa, no dejaba de decir que José María Arguedas creía que la literatura debía expresar fielmente la realidad (Vargas 1996:263). Entonces, se puede decir que Arguedas trataba de trascender la ficción para ubicarse en la realidad y, debido a la nueva concepción de la literatura postulada en 1963, en la que el género novelesco podía ser interpretadora de la realidad, Todas las sangres es considerado como un tratado sociológico. Hasta este punto, la idea que quiero exponer es que la obra de Arguedas nos sirve como una forma de concientización de la realidad del Perú de 1964, debido a la gran aceptación que tuvo en su época y que culminó con la primera y única  mesa redonda dedicada a un escritor, por parte del Instituto de Estudios Peruanos. Podría decirse que la literatura peruana dejo de ser vista sólo como un medio de expresión de emociones o experiencias personales, y se convirtió en una “metáfora epistemológica”, pues la obra de Arguedas trataba la temática del problema del indio de una forma profunda, que logró rescatar su cultura y a este personaje milenario.

Un caso similar fue el de Gunter Grass, muchos de nosotros lo recordaremos como el ganador alemán del nobel de 1999 y autor de la obra del Tambor de Hojalata. Esta obra es un universo grotesco y alucinante, donde lo real y lo fantástico entrecruzan sus fronteras. Definitivamente trata sobre un tema social puesto que el protagonista principal, Oscar Matzerath, desdeña cada tabú de la sociedad que contempla desde su aislamiento, entregándose al lúcido vértigo con una inteligencia en una representación infantil. La obra de Gunter Grass se desarrolla en un período entre post-guerras (1° y 2° guerra mundial). Matzerath vive durante la época de la segunda guerra mundial y crece de tal forma que acaba en la locura.

Muchas de las obras de Gunter Grass, reflejan éste período y las personas son sus víctimas. Sin embargo, es allí donde reside su calidad literaria, debido a que su fortaleza radica en la agudeza con que observa todos los niveles de la sociedad alemana, en su capacidad para percibir las corrientes más profundas de la psique nacional, y en su firmeza ética (Coetzee, 2009:158).

Tulla Pokirefke, personaje de la obra Paso de Cangrejo, surge de la sensación de que su sufrimiento no ha sido reconocido lo suficiente, nace de un acontecimiento lo bastante catastrófico como para ser causa de luto nacional, y de éste ha sido relegada al ámbito del dolor privado. Su aflicción, y la de miles como ella, aparecen retratadas de la manera más conmovedora cuando ella quiere conmemorar a los muertos y no puede encontrar ningún lugar para poner sus flores excepto en un antiguo mausoleo nazi. “¿La razón por la que no se nos permite lamentar, reunidos y en público, la muerte de esos miles de niños ahogados es sencillamente que eran niños alemanes?” (Coetzee, 2009:159). Gunter Grass lamentó no haber podido escribir la gran obra alemana que permita cerrar el tema del holocausto, para que su sociedad pueda seguir adelante y cerrar esa página de libro. Sin embargo, sus obras fueron best seller, porque fueron un fenómeno de identificación, en el que existía la idea principal de que las víctimas del holocausto no fueron solo aquellos que perecieron en el campo de batalla, sino los sobrevivientes, lisiados y descendientes. Una sociedad que cargaba un estigma que, en parte, se logró graficar en las obras de Gunter Grass. El autor había logrado generar una conciencia colectiva.

Entonces sólo nos queda preguntarnos ¿Cuál es el camino que debe tomar la literatura? ¿Cuál será su utilidad y finalidad? La literatura ha demostrado ser más que un arte, ha demostrado ser un camino de creación a una mejor sociedad. En nuestro país, vivimos una época dura, el período del conflicto armado interno, una expresión de terror que se ha convertido en nuestro propio estigma. Tanto el cine como la literatura tratan de abordar este tema, en el caso de la literatura como mayor expresión tiene El movimiento kloaka, que nos dieron poetas como María Dreyfus o José María Euguren.

No obstante, debemos seguir buscando y creando para generar este tipo de mecanismos de concientización. No sólo nos enfrentemos a una falta de creación literaria, sino a una sociedad que no estima la lectura. Cada día encontraremos nuevos retos, pero las soluciones están a nuestro alcance, si deseamos prestarles atención.

- Christian Michel Salazar-

Bibliografía:

Rochabrún, Guillermo

2000     La mesa redonda sobre “Todas las sangres”. Lima: IEP: PUCP. Fondo Editorial

Vargas Llosa, Mario

1996     La utopía arcaica: José María Arguedas y las ficciones del indigenismo. México, D. F.: Fondo de Cultura Económica.

Alazraki, Jaime

1983     En busca del unicornio. Madrid: Gredos.

Coetzee, J.

2009     Mecanismos Internos. Barcelona: Mondaroni.

Orgullo Nacional

Orgullo nacional


El Perú y su historia, están llenos de episodios de júbilo y de tristeza, de momentos que despiertan el oprobio en nuestros corazones y memoria, así como instantes que hacen a uno sonreír orgulloso de poder identificarse a sí mismo como peruano. Hoy, 8 de octubre, nos toca rememorar un episodio de orgullo pues se cumple un año más desde la que fuera la consagración de quien es con seguridad el máximo héroe de nuestra patria, el Almirante Miguel Grau.

Miguel Grau, héroe de la marina del Perú, estuvo al frente de la defensa del litoral peruano durante lo que fuera la primera fase de la infausta guerra contra Chile, la campaña marítima. Durante meses comandó valerosamente la nave, que había tenido que ser re-artillada para cumplir con el deber patrio. Incansable en su campaña, causó muchos desaires y contratiempos a un agresor extranjero confiado en la superioridad de sus armas para disimular la cobardía de su ataque; comprando con su esfuerzo valioso tiempo para el Perú en la campaña terrestre que se avecinaba.


El esfuerzo de Grau no fue en vano; durante los meses que siguieron al inicio de las hostilidades, consiguió para el Perú la atención de países extranjeros y escribió uno de los episodios más gloriosos de la historia de la marina tanto en el Perú como en el exterior en lo que se ha llamado las famosas “correrías del Huáscar”. Desgraciadamente, sus peticiones urgentes para armar a su monitor con artillería más moderna, que pudieron haberle dado una oportunidad de medirse con los poderosos blindados chilenos, no pudieron ser atendidas y el Huáscar seguiría en sus operaciones evitando a toda costa al Cochrane y Blanco Encalada.

Aquella mañana del 8 de octubre de 1879, a meses de iniciada la campaña marítima; tristemente, las correrías que habían cubierto al Huáscar y a su Almirante, Miguel Grau, de una aureola de invencibilidad que consiguió que los peruanos de aquél entonces abrigaran la ilusión de librar el mal paso de la guerra con una imagen favorable en el exterior y sin atravesar penalidades mayores, llegarían a su fin.

El enemigo, herido en su orgullo y decidido a detener a la nave insignia peruana, que se había convertido, más que en un peligro bélico, en un estandarte para la moral de nuestra nación, salió a darle caza al monitor tendiéndole una trampa. La Unión y el Huáscar, que llegaban de Antofagasta, al divisar en la oscuridad de la madrugada el humo que era evidencia de navíos chilenos en el área, se dirigió hacia el este para huir luego rumbo al norte, como era costumbre. Sin embargo, en su camino al norte se encontraban cerrándole el paso otras tres embarcaciones enemigas, el Cochrane, el O’Higgins y el Loa, con quienes se encontraría ya en horas de la mañana.

La suerte estaba echada, conciente de que no podría rehuir el combate, el Almirante Miguel Grau honró aquella promesa que hiciera de que “a pesar de todo, el Huáscar, si llegase el caso, cumpliría con su deber, aún cuando tuviera la seguridad de su sacrificio”. Fue un combate arduo en el que el Almirante entregó la vida y le sucedieron otros comandantes en el mando para continuar el enfrentamiento hasta que, no habiendo nada más que hacer, el Teniente Pedro Garezón, último comandante del Huáscar, ordenó que se abrieran las válvulas y se dejase hundir el barco; operación interrumpida con la captura del navío por las fuerzas chilenas.

El legado de Miguel Grau es mucho más que aquella batalla perdida, es más que los meses que compró para el Perú en 1879 gracias a una campaña brillante. Su legado, más allá del brillo de los uniformes militares, es el haber personificado la figura ejemplar de un peruano, que supo comportarse a la altura de un caballero aún al calor de la batalla, es el haber defendido con valor la patria hasta el punto de entregarle la vida. Tanto en su vida como al momento de su muerte, la suya es una historia de heroísmo e inspiración que alentó a muchos peruanos en la defensa de lo nuestro y que aún hoy es capaz de inspirar a quien tenga el deseo de escucharla.

Reza el dicho, casi siempre con razón, que la pluma es más poderosa que la espada. Sin embargo, en esta ocasión prefiero rendirle homenaje a un hombre que más bien se encontraría en el lado de la espada; que defendió al Perú y dio todo por él, que no abandonó su patria cuando podría haber renegado de ella en los momentos en que no se le dio el apoyo que hubiese sido necesario para plantar cara al terrible invasor. ¿Podríamos decir todos que somos capaces de hacer todo eso? Desde luego que no, no habría razón para hacerlo; y es precisamente por ello por lo que Miguel Grau es un héroe, y es también ese el motivo por el cual tengo la firme convicción de que él sí es un verdadero peruano del cual podemos y debemos sentirnos orgullosos.

Autor: Daniel Velazco